Punto de Fisión

Un video snuff

En el penúltimo video snuff que nos llega desde Oriente Medio dos hombres protagonizan un sacrificio humano, una ceremonia tan vieja como la humanidad. Uno de ellos, el matarife, cubierto de tela negra de la cabeza a los pies, habla y habla mientras esgrime un cuchillo. Sus palabras importan bien poco, son amenazas al viento, huecas y pomposas, lo que cuenta es la gestualidad con que las sostiene: ese brazo armado que reluce al sol del desierto, el brillo del filo que acabará hundiendo en el cuello del hombre arrodillado.

Hace poco hemos sabido el apodo con que conocen al asesino. Se hace llamar John y al grupo de tres yihadistas británicos que supuestamente lidera y que custodian a los cautivos los conocen como los Beatles. John no es un nombre muy afortunado para un yihadista y los Beatles eran cuatro y quedan dos, pero a esta gente tampoco se le puede pedir más. Un musulmán de cierta cultura podía haberse apodado Averroes, que fue uno de los grandes médicos y filósofos de su tiempo; o Saladino, el gran jefe guerrero del islam; o Ibn Battuta, como el gran viajero de la Edad Media. Pero John, así, a secas y con esas pintas de beduino en rebajas, es nombre de actor porno. Al fin y al cabo, es a lo que se dedica el bueno de John: a hacer videos porno extremos para ver si asusta al personal y el mundo occidental cae de rodillas y vuelve a aceptar las caducas fronteras del islam. Pensándolo bien, ha hecho bien en bautizarse John. No nos imaginamos a Averroes cortándole el gaznate a un semejante.

De rodillas estaba el otro protagonista del video, muy a su pesar, James Wright Foley, un reportero de guerra estadounidense que fue capturado hace casi dos años en Siria. Foley también habla a la cámara en un momento dado, suelta con voz monótona y tranquila el guión que le habrán dado escrito y que tiene que repetir. Bla, bla, bla. Teniendo en cuenta la agonía terrible en que se encuentra (indefenso, arrodillado, las manos atadas a la espalda, consciente de que está a punto de morir) Foley habla bastante bien. Teniendo en cuenta los detalles que podemos imaginar sobre su encierro, los meses y meses transcurridos en la oscuridad de alguna covacha, comiendo mierda y escuchando una y otra vez la propaganda política y la bazofia pseudoreligiosa de sus mongoloides carceleros, Foley demuestra una impresionante dignidad. Parece un poco harto o bastante harto, como si tuviera ganas de que acabara ya todo, de que su verdugo suelte su última bravata de payaso y lo degüelle de una puta vez. Porque no sabemos qué torturas habrá soportado durante su cautiverio, por qué humillaciones no habrá pasado antes de aceptar esta burda comedia de ajusticiamiento, con qué amenazas lo habrán atormentado y cuántas muertes no habrá atravesado ya su espíritu. Ignoramos si el video salió a la primera toma, si Foley se rebeló en algún momento, si de repente no quiso decir nada, si empezó a gritar o a insultar. Tal vez al botarate de su verdugo se le trabó la lengua con el recitado y tuvieron que cortar y volver a grabarlo todo. Ánimo, John.

La cámara es lo único nuevo en esta grotesca tragedia de barbarie. Lo demás es tan viejo como el mundo: la víctima inocente, el cuchillo, el matarife idiota, el sol, los dioses reclamando sangre humana. Lo único nuevo es la cámara.