Punto de Fisión

Lagarde en el fondo

Los inventores del FMI no se rompieron mucho la cabeza cuando bautizaron su invento:  decidieron ponerle "fondo" porque más abajo ya no podían estar. Tampoco podían usar otros nombres más apropiados, como mafia, camorra o yakuza, porque son marcas registradas y con denominación de origen. Además, a los gánsters y asesinos italianos y japoneses les habría molestado mucho que los confundieran con semejante gentuza sin principios ni honor. Entre los urcas siberianos, criminales ciertamente chungos, la defensa de los débiles por la comunidad tiene el valor de un mandamiento, y pobre de aquel que se atreva a tocar el pelo a un anciano, un niño o un discapacitado. Para los urcas siberianos una medida tan inmunda como la alabada por Christine Lagarde (que propone bajar las pensiones ante el riesgo de que las personas vivan más de lo esperado) habría sido merecedora de una lapidación.

Lagarde ha sido la primera mujer al frente de la institución después de Strauss-Khan y de Rodrigo Rato. Un acusado de violación y un convicto de ser Rodrigo Rato: lo cierto es que era muy difícil caer más bajo, pero si lo llaman fondo es por algo. Por otra parte, Lagarde cumple a la perfección la ley de igualdad de géneros que va equilibrando los frecuentes desmanes históricos del sistema patriarcal: desde la condesa Elizabeth Batory, que se bañaba en sangre humana, hasta Golda Meir, que prefería exclusivamente la de palestinos; desde la reina Victoria a Margaret Thatcher; desde Imelda Marcos a María Dolores de Cospedal. Cuando parecía que Gallardón ya no podía hacer más daño al frente de la Alcaldía de Madrid, vino Ana Botella montada en una tuneladora.

Lagarde ha sido imputada e interrogada durante 15 horas por su presunto trato de favor al millonario Bernard Tapie (lo sé, da mucha vergüenza escribir esta frase con el adjetivo "presunto" ahí en medio). La misma señora que asegura que los jubilados y pensionistas pueden hacer tambalear el sistema financiero mundial si no palman a su hora, no tuvo el menor problema, cuando ejercía de ministra, en adjudicarle una indemnización de 403 millones de euros a un pájaro contra el que ya había fallado la justicia francesa en 2006. El mismo pájaro que subvencionó con un dineral la campaña de Sarkozy cuando llegó al poder al año siguiente. En fin, que la mano que hoy día mece la cuna de las finanzas mundiales esté metida hasta el codo en semejante podre, lo dice todo sobre el neoliberalismo, sobre las finanzas mundiales y sobre el FMI. Al final el comité ha concluido que la buena mujer no cometió delito alguno, aunque sí que fue bastante negligente durante el proceso de arbitraje. Aquí no ha pasado nada, excepto que los pobres se empeñan en durar. Por supuesto, Lagarde asegura que ella no va a dimitir porque tampoco ha hecho nada honrado y todavía le quedan muchos años para batir el récord de Rato y de Strauss-Khan. Tenemos Lagarde para rato.