Opinion · Punto de Fisión

Monago: extrema y dura

El problema de escribir sobre Monago es que lo escrito se queda obsoleto en seguida. En el primer artículo que le dediqué, un jueves, todavía no había hecho su aparición la historia de amor y los chistes caducaron al poco de publicarlos el viernes, una hora menos en Canarias. Con Monago la realidad siempre es mejor que la ficción, principalmente porque no hay manera de distinguir una de otra. Las explicaciones se le ocurren a tal velocidad que cuando alguien cree haberlo pillado en una contradicción, él ya está en la siguiente, obedeciendo aquel sabio refrán ruso que dice que con las mentiras se puede llegar muy lejos, sí. Lo que no se puede es volver.

Ahora cuesta trabajo echar la mirada atrás y contemplar el camino recorrido hasta la penúltima explicación. Monago no voló 32 veces a Canarias pero sí voló 32 veces a Canarias. Monago no viajó 32 veces a Canarias por asuntos personales pero sí viajó 32 veces a Canarias por asuntos personales. Monago va a publicar de inmediato sus declaraciones de la renta pero no las va a publicar de inmediato. Monago va a pagar los viajes de su propio bolsillo pero no va a pagar los viajes de su propio bolsillo. Porque ya están pagados, los mismos viajes que no habían tenido lugar, los que se debían a una actividad parlamentaria y los había pagado el Senado, pero al final no, que ya los pagó con su propia tarjeta y no se acordaba. Un lapsus lo tiene cualquiera pero para tener treinta y dos, uno detrás de otro, hay que ser presidente autonómico extremeño.

Es difícil colegir si Monago es más de física cuántica o más de la tarara sí, la tarara no. La dueña de su corazón por aquel entonces, Olga Henao, ha hecho unas declaraciones tan sabrosas que no se sabe si la pareja daría más juego en una comisión de investigación, en un especial senadores en el Sálvame De Luxe o en Mira Quien Baila. Ya que la fiscalía anda muy ocupada defendiendo a la infanta Cristina, las tertulias y shows televisivos están cubriendo el hueco dejado por la justicia en su estrés posvacacional. Hace unos días sacaron una entrevista rápida a Jaume Matas en el programa de Ana Rosa Quintana, pero a Fabra todavía no le han ofrecido bastante efectivo y como sienten a Monago en La Máquina de la Verdad el polígrafo puede acabar hecho una tostadora. Con la hermosa Olga del brazo, se cascó Monago un crucero por las islas griegas durante una semana de julio, en pleno cierre del curso legislativo. Dicen que en el Senado todo el mundo se preguntaba dónde estaba Monago pero esto es una exageración, claro está: con todo el mundo se refieren al conserje y al encargado del garaje. En cualquier caso, Monago explicó que había ido a las islas griegas a meditar, mejor en compañía que en soledad, lo mismo que Ana Botella cuando se fue con su circunstancia a un Spa en Portugal a hacer ejercicios espirituales mientras se enfriaban los cadáveres de cinco niñas reventadas por pura mala suerte. Cosas que pasan.

En los momentos en que se redactan estas líneas, las últimas declaraciones de Monago son que él no tiene antena parabólica, que fue infante de marina por tierra, mar y aire, y que quien lo ataca a él, ataca a Extremadura. No se descarta que dentro de unos cinco minutos el hardware de Monago se haya actualizado con un nuevo antivirus que incluya parabólica, cursillo de aviación y una extensión personalizada de Extremadura que ocupe España, Europa, el mundo y la humanidad en general. Desengáñense, no nos vamos a enterar de qué hacía Monago en Canarias hasta que monten la primera torre petrolífera en Badajoz.