Punto de Fisión

La doctrina Borbón

Si algo hay que agradecerle al fiscal defensor Horrach en su incansable labor de vasallaje borbónico es que al menos nos estamos riendo mucho. Cada escrito de acusación, una comedia; cada párrafo, un juego de manos. "Si el titular del bien jurídico supuestamente lesionado, la Abogacía del Estado y el Ministerio Fiscal no ejercen la acción penal contra una persona determinada porque legítimamente consideran que no existe delito imputable a la misma, dicha legitimidad procesal no puede ser usurpada por un tercero no perjudicado". "No perjudicado" dice. Que no nos han perjudicado. Nos han robado, estafado y defraudado millones de euros a todos los españoles y resulta que el sindicato Manos Limpias, que se persona como acusación popular, no es titular del bien jurídico supuestamente lesionado. Ante la sintaxis lóbrega y culterana de la fiscalía, aquel galimatías de "la parte contratante de la primera parte será considerada la parte contratante de la primera parte" parece agua del grifo.

He ahí la doctrina Botín en todo su esplendor, un birlibirloque jurídico que el Tribunal Supremo se sacó de la manga a última hora para evitar que el amo supremo del país se sentara en el banquillo. De haber fallado este último recurso, probablemente habrían exigido que España cambiara de nombre y se llamara Botilandia, y tampoco sonaría más descabellado. El caso es que fabricaron una escaramuza legal deprisa y corriendo para encajarla a capón en una grieta del sistema, y tan específica era que la bautizaron con el marchamo de su beneficiario. Ni siquiera ha vuelto a usarse desde entonces, como si en la letra pequeña de la doctrina viniera esta advertencia: "No romper el cristal bajo ningún concepto, salvo en el caso de ser omnipotente a punto de condena cuyo apellido empiece por Bo- y acabe por -n".

Ahora el fiscal Horrach pide igualdad para la infanta Cristina al tiempo que se acoge a esta excepción única y fastuosa que es pasmo y maravilla de la jurisprudencia mundial. "La doctrina Botín" susurran en los tribunales europeos, con el mismo temor medieval que animaba al populacho cuando veían que se acercaba un imprudente a intentar desempotrar de la roca la espada Excalibur. "La doctrina Botín" murmuran en los tribunales islámicos, donde no se veía nada parecido desde que Mahoma ascendió al paraíso en una burra con alas. No hay que olvidar que Horrach, con tal de defender a la infanta, no se detiene ante nada. Incluso fue capaz de sugerir que padece un serio déficit de atención, como cuando le atribuyó, a una señora casada y con dos hijos, con cargo de vocal en el Instituto Nóos, un despacho en La Caixa y dos carreras a sus espaldas "una absoluta falta de capacidad de sospechar siquiera que se podía estar incurriendo en alguna irregularidad en su entorno".

En fin, que el otro día, cuando se acercaron al juez Castro para preguntarle si de verdad él cree que la infanta se encuentra en una posición de indefensión, al hombre le costó reprimir la carcajada. Castro está ya tan acostumbrado a los desvaríos del fiscal que únicamente se permitió una media sonrisa de guasa y dijo con bastante retranca: "Nunca lo he pensado. Hay criterios y criterios". También podía haber dicho: "Hay doctrinas y doctrinas". La Botín sólo se ha utilizado una vez y creíamos que la habían enterrado junto al banquero, pero no habíamos caído en la letra pequeña y en la coincidencia del apellido, que también empieza por Bo- y acaba por -n. Casi nadie se acuerda que el ejército estadounidense tiró una segunda bomba atómica en Nagasaki sólo porque había que demostar a los rusos que tenían más.