Opinion · Punto de Fisión

Las aventuras de Aguirre Jones

Hubo un momento de pánico generalizado cuando la avioneta de Harrison Ford se estrelló contra el césped y muchos creyeron que el astro había fallecido. En realidad, el actor, que sigue empeñado en rodar papeles pésimos más o menos desde finales de los ochenta, sobrevivió al accidente con algunos arañazos sin saber que acababa de aceptar un guión impuesto por el destino: Ford hizo un Aguirre del mismo modo que Aguirre lleva haciendo el Harrison Ford durante toda su larga y aventurera trayectoria política.

Como Ford en muchos de sus truculentos rodajes, Aguirre Jones ha salido ilesa de un montón de percances telegrafiados por el destino. Un Houdini con laca. El del helicóptero —quizá el más vistoso y espectacular de todos— ha sido reflejado ahora por el topetazo de Indy al comerse entero un campo de golf, pero no fue sino un hito más en su rutilante carrera de rubia dominante. La diferencia es que, salvo el porrazo con la avioneta, la carrera de superviviente nato de Ford pertenece al ámbito de la ficción mientras que la lideresa incombustible del PP cabalga a pelo sobre la vida misma.

Cuando unos terroristas fueron a buscarla a golpe de kaláshnikov (igual que a Harrison Ford en Juego de patriotas), ella se pensaba que eran etarras que se habían dado betún para disimular —ni en Bombay podían ser yihadistas—. Cuando le arrebató a Simancas la Comunidad de Madrid por los pelos (por los pelos de la barba de Tamayo), actuó igual que Indiana Jones en tantas de sus acrobacias circenses, ya sea con puentes, submarinos, tanques, motos, paracaídas, lanchas o vagonetas. Cuando la detuvieron en la Gran Vía unos malvados agentes de movilidad, salió zumbando como Han Solo al timón del Halcón Milenario, atropellando leyes y motos, presta a refugiarse en su base rebelde de Jesús del Valle. Emuló otra vez a Han Solo congelado en una plancha de carbonita cuando se retiró ella misma de la vida política, pero no tardó en emerger, poco a poco, dedo a dedo, asomando la mano rota como Deckard en el borde de la terraza en su enfrentamiento final con el replicante. Para colmo, ha escapado intacta de todos los ametrallamientos e imputaciones con que la justicia ha ido fulminando uno tras otro a todos sus allegados (de Frutos a González, pasando por quien se les ocurra) del mismo modo que los amigos de Indy y los secundarios que escoltan a Harrison Ford tienen una curiosa tendencia a palmar en el primer rollo de película.

Ha celebrado conjuntamente su candidatura, la victoria contra el reverso tenebroso del PP y el Día Internacional de la Mujer, que parecía que estuviera dedicado exclusivamente a ella, porque Cifuentes, al encabezar la lista a la Comunidad, acaba de condenarse al rol de rubia suplente. Como si no supiera que el destino de los rivales y escuderos de Aguirre es perderse como Gallardones en los proyectos de ley, como lágrimas en la lluvia. Es hora de votar. La regeneración política en el PP es un desafío hecho a medida de Indiana Jones: cuestión de arqueología.