Opinion · Punto de Fisión

Que muera Zapata

Me imagino que los defensores de la dimisión de Zapata como concejal de Cultura estarán frotándose las manos de alegría ante la imputación de la Fiscalía. Especialmente quienes, entre su propio partido, no llegaron a comprender la estupidez del gesto emprendido, como si acabase de inaugurar el Año Cero de la Limpieza. Como si, después de su dimisión, avergonzados y en honorable desfile, fuesen a pasear Rafael Hernando, Esperanza Aguirre, Pablo Casado y demás hooligans populares poniendo su cargo a disposición de los ciudadanos y entregando en la hoguera de San Juan los teléfonos móviles con los videos de sus amenazas y vejaciones a los arquitectos y a los familiares de represaliados por el franquismo.

No era cuestión de y tú más y tú menos, como pensaban tantos ingenuos. Era, sencillamente, cuestion de lógica. Zapata hizo mal reconociendo culpa donde no había ninguna, salvo su mal gusto y su falta de reflejos. Lo que empezó como una sarta de chistes crueles que degeneró en un linchamiento público con cuatro años de retraso va a culminar en una acción penal sin precedentes que sirva de escarmiento a los que se atrevan a bromear sin llevar detrás el sacrosanto marchamo de la gaviota. El pobre hombre creyó que le valía con abandonar el nombramiento, pero su arrepentimiento tardío le va a costar el cargo de concejal y hasta la expulsión del país, como no aparezca pronto otro chivo expiatorio donde los fariseos vayan a rasgarse las vestiduras. Que muera Zapata.

La Fiscalía ha basado su escrito de acusación en el socorrido concepto de la humillación a las víctimas del terrorismo, que esta vez se ha ampliado hasta abarcar también la violación y el asesinato de unas niñas y el genocidio de seis millones de judíos. Habrá que esperar que la Fiscalía edite bien pronto un manual del humor políticamente correcto, donde se explique claramente dónde están los límites entre los chistes sobre el Holocausto y los chistes sobre fusilados republicanos en las cunetas, así como la diferencia entre un comentario de mal gusto de un concejal de Podemos y otro de Pablo Casado o de Andreíta Fabra. En cualquier caso, a partir de ahora hay que tener mucho ojo con lo que escribamos, porque un comentario resbaladizo sobre la Revolución Francesa o sobre la caída del Imperio Romano podría desatar las iras de esos humanitarios fareros dedicados a salvaguardar la dignidad y el respeto. Los cuales, por cierto, no tuvieron el menor empacho en publicar y difundir los vergonzosos chistes, por si había alguna víctima que todavía no se había dado por enterada. Hasta llamaron en un programa de televisión al padre de Marta del Castillo y le leyeron el de su hija en voz alta, supongo que para ver si se reía.

Por cierto que Antonio del Castillo dijo que le bastaba con la disculpa de Zapata. Al igual que Irene Villa, comentó que lo más le dolía es que se utilizara toda esta triste historia como tirachinas político. En efecto, si hay algo más inmoral y más nauseabundo que contar un chiste malo sobre las víctimas del terrorismo es utilizar a las víctimas del terrorismo como leño para alimentar la propia locomotora. Que es lo que lleva haciendo el PP prácticamente desde su fundación, vendiendo muertos con una pegatina electoral en el ataúd e intentando endigarle a ETA la autoría del mayor atentado en la historia de Europa.