Punto de Fisión

Billetes paranormales

Decía Albert Rivera hace unos días que si hubiera un solo imputado en el gobierno de la Comunidad de Madrid se iba a pensar muy mucho lo del apoyo de Ciudadanos. Era una amenaza directa a Cristina Cifuentes, quien sabe de sobra que Rivera se piensa las cosas dos, tres y las veces que hagan falta. A veces, de tanto pensar, hasta le salen conclusiones distintas, según haya pensado las cosas por la mañana o por la noche. Por ejemplo, su posible alianza con Mariano, su entente con Pdr Snchz o su apoyo al PSOE en Andalucía. Rivera es el Descartes de la política española: "Pienso, luego pacto".

Afortunadamente, en la Comunidad de Madrid no hay un solo imputado: hay un montón de ellos, y cada vez que los jueces rebuscan un poco, salen cinco o seis más. Una de las últimas novedades en la investigación judicial es la confesión de Adrián de Pedro Llorca, hermano del cerebro de la trama Púnica, sobre las facturas ficticias que le endilgaban a la Comunidad de Madrid con la excusa de mejorar la imagen del gobierno autónomo en la etapa de Ignacio González. Supongo que el juez habrá desestimado el testimonio por la comicidad implícita en el asunto. Mejorar la imagen del gobierno de Ignacio González no es que fuera algo ilegal: es que era rigurosamente imposible. Resulta lógico aplicar una facturación ficticia a un trabajo irreal. Es como aquel negro que me encontré en La Habana a la salida del hotel apoyado en un martillo neumático que ni siquiera estaba enchufado. Cinco horas después regresé y me lo encontré exactamente en la misma postura, hombros, brazos, codos y dedos caídos. El negro me explicó: "Mira, mi helmano,  ellos hacen como que nos pagan y nosotros hacemos como que trabajamos".

Como siempre que andan por medio el PP, la podredumbre y el juzgado correspondiente, se ha desatado una curiosa epidemia de amnesia colectiva, una anomalía médica documentada únicamente en los anales de Macondo. En Génova nadie sabe nada, y al que sí sabe, no le consta. Esta vez han sido los suegros de Francisco Granados quienes han sido aquejados de la perniciosa enfermedad del olvido: cuando el juez les preguntó cómo llegó hasta el altillo de su dormitorio un maletín con 922.000 euros en dinero negro, Juan Alarcón respondió que vete a saber. Resulta que todo el mundo entraba en su dormitorio para ir al servicio; el retrete debe estar catalogado meadero cinco estrellas o cuarto oscuro recomendado en la guía Spartacus. Allí iba el fontanero tras arreglar la grifería, iban los de Ikea después de montar los muebles, iba hasta Peter Clemenza a colocarle un revólver preparado a Michael Corleone por si quedaba a cenar en el comedor con el Turco y el capitán de la policía de Nueva York. Cualquiera de ellos pudo dejarse un maletín con casi un millón de euros ahí arriba. Lo raro es que sólo se dejaran uno.

Una vez leídas las declaraciones del suegrísimo, queda claro que el dormitorio de esta venerable pareja de ancianos debe de ser un agujero negro que conecta con alguna estrella perdida de Alfa-Centauro o incluso con la contabilidad B de Génova. Espérate que aparte del fontanero, los de Ikea y Clemenza, por allí no pasara también Bárcenas. Iker Jiménez está pensando si sacar un especial sobre billetes para anormales o si sacarse un billete en primera a Las Bahamas. Otro que se lo está pensando cantidad es Albert Rivera.