Punto de Fisión

El nazismo que viene

Lo escribo como si se hubiera ido alguna vez, como si no hubiera estado siempre ahí, atrincherado en el Valle de los Caídos, en las servilletas y botellas de ese bar de Despeñaperros dedicado a la memoria del Caudillo, en las banderas con el gallo Claudio, en tantos retrasados ideológicos con carné de demócratas, en el muelle con resorte de tantos brazos viejos y jóvenes que se disparan a la mínima según el anticuado mecanismo del Heil Hitler. Lo vimos este fin de semana, en Barcelona y en Madrid, en sendas manifestaciones de nostálgicos del facherío que se creían que los ayuntamientos eran suyos igual que la calle era de Fraga.

También lo vimos la semana pasada fuera de la península, en la portada de una nauseabunda revista polaca donde una hermosa y lozana rubia gritaba ante el asalto ("la violación", decía literalmente el titular) de unos cuantos brazos morenos y presumiblemente moros. El rapto de Europa en versión islamófoba, cuando en realidad quienes se están follando a Europa por delante y por detrás son Draghi y sus mariachis. Poco importaba que unos días antes saliera a la luz que las cifras sobre las agresiones sexuales masivas a mujeres en Colonia y en otras ciudades alemanas se habían desinflado como un globo. Del millar de delincuentes que se habló en un principio, la policía sólo ha identificado a 58, de los cuales únicamente 3 -dos sirios y un iraquí- eran refugiados.

En Alemania, donde el fascismo tiene nombre propio y denominación de origen, el Partido Nazi ha resurgido en una metástasis con dos hembras de armas tomar, y no lo digo sólo por decir. Beatrix von Torch, la segunda de a bordo de AfD (Alternativa para Alemania), ha hecho honor a sus orígenes aristócratas y a su nombre de dominatrix con unas declaraciones acerca de la necesidad de defender a tiros las fronteras germanas: "Es nuestro deber defendernos con armas. También dispararemos a mujeres y niños". Por su parte, Frauke Petry, la presidenta de esa formación que se autoproclama de centro derecha, dejó bien claro cuán a la derecha queda el centro en Alemania desde el día en que le preguntaron si el AfD compartía el ideario xenófobo de Marine LePen: "No tenemos nada que ver con el Frente Nacional Francés. Es un partido que se mueve en el ámbito de la izquierda".

Con semejante llamada a las armas y una intención de voto de más del 12%, el AfD se perfila como la tercera fuerza democrática del país, por delante de liberales, comunistas, socialdemócratas y verdes, y uno de los más firmes candidatos a poner en marcha el IV Reich, el gran juego nacional teutón y la obsesión favorita de los alemanes. Desde esa perspectiva de simpatía popular, se comprende que un nutrido grupo de vecinos de Bautzen, en Sajonia, saliera de madrugada a la calle a celebrar el incendio de un hotel que daba alojamiento a unos trescientos refugiados. Algunos bomberos declararon que era muy difícil trabajar entre el jolgorio del gentío, donde abundaban también niños y borrachos. Todavía no se ha aclarado bien cómo se originó el incendio, lo cual tampoco resulta raro en un país donde todavía no se sabe a ciencia cierta quién le prendió fuego al Reichstag. Probablemente haya que esperar a una reedición islámica de la Noche de los Cristales Rotos.