Opinion · Punto de Fisión

Es que era marroquí

Hay varias lecturas posibles a las declaraciones del guardia civil que asesinó a tiros a un pobre hombre tras un accidente de tráfico y todas ellas dan mucho miedo. En su descargo, el homicida alegó que sufría un brote psicótico y que pensó que estaba matando a un yihadista. «Fue un efecto de su locura» manifestó su abogado para que no quedaran dudas, «él estaba convencido de que estaba librando una guerra contra el yihadismo y que todos los moros eran yihadistas».

Por cómo sucedieron los hechos, más bien parecía que Ángel Luis Viana Jiménez había empezado su propia yihad particular. Al parecer, iba conduciendo su BMW por la autovía de Valencia cuando el Opel Astra que conducía el marroquí Younes Sulinann chocó contra la mediana y luego contra el coche del guardia civil. Según otros testimonios, fue el BMW el que sacó de la carretera al Opel Astra en una curva. Angel Luis se apeó del coche, sacó su Baretta reglamentaria y persiguió a tiros al marroquí, que llegó a recorrer cincuenta metros antes de caer boca abajo, alcanzado por varios balazos. Después se acercó a él, le alzó la cara para ver si todavía respiraba, y le pegó un tiro de gracia en la cabeza.

Lo primero que dijo el homicida cuando llegaron sus compañeros a detenerlo varía ligeramente de las declaraciones que dio tras hablar con su abogado: «Antes de que un moro de éstos nos reviente de un bombazo, lo reviento yo». Fue, como se ve, un acto de guerra preventiva, tal y como predicaba el gabinete de George W. Bush. La prevención llegó tan lejos que Ángel Luis mató a un hombre inocente por completo de terrorismo, aunque no de ser marroquí. Su abogado llegó a decir que se encontraba mal, bastante extrañado de seguir en prisión, ya que creía que le tenían que haber condecorado.

Hay varios datos que sumar a este brutal recuento de un asesinato. Ángel Luis llevaba seis días de baja por lumbalgia y dio positivo en el test de cannabis que le hicieron tras el tiroteo. Tres contra uno a que la culpa del brote psicótico violento va a ser de la marihuana, aunque esté empírica y terapeúticamente comprobado que la marihuana sirve para todo lo contrario. Al eximente de las drogas se une el agravante de su situación familiar, ya que el detenido acababa de separarse de su mujer y se encontraba viviendo en casa de un hermano fallecido poco antes.

La primera pregunta clave es qué hacía un hombre de baja por lumbalgia y «con un grave trastorno psicológico desde hace diez días» -según palabras de su abogado- con la pistola reglamentaria encima, perfectamente preparada para cometer una masacre. Encontraron nada menos que nueve proyectiles en el cuerpo de Sulinann, así que fue una suerte que no viajara acompañado de unos amigos o de su familia. La segunda pregunta clave es cómo entró esta caja de bombas, que ejecutó a sangre fría a un hombre por el mero hecho de ser marroquí, en la Guardia Civil. Si hubiese ocurrido al revés, con un marroquí matando a sangre fría a un inocente conductor, la solución a este enigma sería el yihadismo, el odio contra occidente y, en última instancia, el islam. Tal y como se nos ha presentado habrá que recurrir, como en el caso de Breivik, a la psiquiatría.