Punto de Fisión

Carta de amor de Albert

Hay que agradecer a Albert Rivera el sacrificio que ha hecho publicando una epístola moral a sus colegas socialistas para que se animen a apoyar la investidura del emblema de corrupción más vistoso de la democracia europea y alrededores. Es una carta que ha debido de escribirse con una máscara antigás, por la peste que desprende, aunque vete a saber quién la ha escrito en realidad. Lo más seguro (también para la salud) es que alguien se la haya dictado a alguien mediante palabras sueltas porque tres párrafos juntos podrían matar a cualquier incauto de risa, igual que aquel chiste letal de los Monty Python que recitaban los soldados británicos sin tener ni pajolera idea de alemán y con el que los aliados acabaron ganando la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, lo verdaderamente llamativo de su gesto, lo que lo convierte en un acto patriótico, no es el contenido sino la forma elegida para comunicarlo. En pleno descrédito del género epistolar, y con la crisis del papel en primer plano, Albert ha preferido publicar una carta en un diario de tirada nacional en lugar de mandar un correo electrónico, un guasap, un tuit o incluso un emoticono. El mensaje cabía perfectamente en 140 caracteres (o en el emoticono de una mierda guiñando un ojo) pero él no ha tenido el menor empacho de explayarse en una exhibición de virtuosismo gramatical sin precedentes. Diez párrafos para anunciar una bajada de pantalones y una subida del Ibex.

En efecto, la apuesta de Ciudadanos es decididamente artística, un hermoso canto a la literatura de ficción. La directiva del PP ha aplaudido en bloque este fascinante intento de revitalizar el género epistolar con una rápida respuesta del cuñado portavoz, Pablo Casado, enunciada casi a vuela pluma: "Ciudadanos es un partido responsable, con sentido del Estado". Pocas veces en la historia de la literatura se habrá visto una crítica casi instantánea publicada casi al mismo tiempo que el texto en cuestión. Normalmente habría que esperar a que Mariano regresara de su maratón gallego para dar el visto bueno, pero estamos a mediado de agosto y el asunto corre prisa: por eso mismo él sigue al mismo ritmo vacacional de siempre. Unas terceras elecciones -ha declarado el presidente en funciones de pie de atleta- serían "una magnífica forma de que hiciésemos el ridículo todos". Es sorprendente porque pensábamos que se trataba precisamente de eso.

Por "sentido del Estado", ese sintagma que es la clave del entusiasmo casadiano, habría tantas cosas que decir que es mejor no decir ninguna. Ya las ha dicho todas Albert al escribir que espera que los socialistas piensen más en nuestro país y menos en quien liderará el PSOE en un futuro próximo. Por el bien de España ha elegido olvidar todas sus promesas de regeneración. El patriotismo -dijo con impecable lucidez el doctor Johnson- es el último refugio de los canallas. A menudo también es el primero.