Opinion · Punto de Fisión

Cómetela toda, Pedrito

En ajedrez existe una posición llamada zugzwang, que parece chino pero que viene del alemán y que significa literalmente “obligación de mover”. Sucede cuando uno de los jugadores ha alcanzado su posición defensiva óptima y el turno de jugar le lleva inevitablemente a arruinarla y tal vez a perder la partida. Desde las pasadas elecciones de diciembre, el pasatiempo que están practicando los cuatro grandes partidos mayoritarios no se parece al ajedrez ni de lejos. Podría ser el mus, podría ser el póquer, podría ser la petanca o podría ser el juego de las sillas; sin embargo, a fuerza de no entenderse, de farolear sin riesgos y de mentir sin engañarse han conseguido la cuadratura del círculo, es decir, un zugzwang a cuatro bandas a base de ir empeorando progresivamente su posición inicial hasta desembocar en una catástrofe de proporciones cómicas. Sí, he dicho cómicas.

No ha sido tarea fácil. Pdr Snchz, por ejemplo, firmó en marzo un acuerdo con Albert Rivera que rememoraba el pacto Ribbentrop-Molotov, un menú del día tan frágil y tan poco creíble como el apareamiento de la cruz gamada con la hoz y el martillo. El centenar y medio de recetas que formaban la columna vertebral de aquel mejunje le parecían entonces a Mariano un disparate mayúsculo, pero el veraneo y la marcha atlética le han hecho recapacitar y ahora le parecen estupendas. Debe de ser porque se ha quedado fría, cosa rara con el calor que hace, pero es ahora Pdr Snchz quien no quiere tomarse la sopa. Pablo Iglesias, por su parte, sigue cruzado de brazos, esperando que la situación mejore: a lo mejor no acaba de entenderlo pero la entropía no le favorece. Podemos es un partido que se va quedando mustio en un rincón mientras que Ciudadanos, que no le hace ascos a nada, está a punto de atragantarse.

El problema es que a Mariano la catástrofe le sienta como a Electra el luto. El PP es como el gigante Anteo, que cada vez que mordía el polvo, recibía fuerzas renovadas. Se alimenta de Bárcenas, de tesoreros imputados, de ministros defenestrados y de corruptelas en serie, un menú del que Albert ya está empachado: “Estoy dispuesto a no tener credibilidad por el bien de España”. Con la honradez por los suelos, espera que Pdr Snchz haga lo propio en una operación de travestismo gastronómico que lo dejaría por los suelos.

Hasta The Financial Times, toda una autoridad mundial en el robo a gran escala, le ha pedido a Pdr Snchz que se humille y se abstenga en la votación para investir presidente a Mariano y que así pueda echar a andar la legislatura. Por otra parte, no sería la primera vez que el PSOE juega a lo que le diga la banca: lo hicieron con José Luis, lo hicieron con Felipe y lo harán con quien haga falta. La otra opción es cerrarse en banda y acudir a las terceras elecciones, una posibilidad en la que el PP, gracias a su facilidad para tragar tierra, saldría con fuerzas renovadas. Lo cierto es que Pdr Snchz, el punto G de este zugzwang generalizado, lo tiene bastante crudo. La conocida expresión “bailar con la más fea” le calza como un guante. Parafraseando a Churchill, entre la mierda y el deshonor, va a elegir el deshonor. Y tendremos la mierda.