Opinion · Punto de Fisión

Soriasis

Es sorprendente la capacidad del PP para convertir cualquier situación, por lastimosa o cómica que sea, en un verdadero asco. No es tan sencillo como parece. Hay que ser un verdadero virtuoso de la desfachatez para acabar empantanado en tantos charcos e ir cayendo de lo malo en lo peor. En mi barrio había un borracho que, cuando tomaba una copa de más, se revelaba como un verdadero zahorí escatológico, un danzarín que, sin proponérselo, iba por la calle brincando de mierda de perro en mierda en perro. Recuerdo que un día había cinco o seis zurullos dispuestos estratégicamente a lo largo y lo ancho del patio; la verdad, era prácticamente imposible alcanzarlos todos sin tocar previamente el suelo. No obstante, el borrachín, con una destreza digna de Nureyev, lo consiguió; intentando evitarlos, los fue pisando uno detrás de otro, girando y retorciéndose en un alarde de equilibrio alcohólico, chof, chof, chof, chof, chof, hasta que los críos del barrio rompimos a aplaudir entusiasmados.

También dan ganas de aplaudir cuando Mariano, Cospedal y Luis de Guindos se ponen a dar explicaciones sobre la cagada monumental del nombramiento del ex ministro Soria para un puesto en el Banco Mundial. Primero Mariano dijo que no sabía nada, chof, que Soria era un funcionario que se ha presentado a un concurso, chof, y que hasta ahí podía leer. Chof. Meses antes, en junio, Guindos desmintió la noticia, chof, y el lunes dijo que sería ilegal negarle el puesto. Chof. Luego Cospedal realizó la pirueta final al asegurar que ella no conocía ninguna acusación de corrupción contra Soria, chof, puesto que había quedado bien claro, chof, que no tenía nada que ver con los papeles de Panamá, chof. Aunque los hubieran adornado con música de Prokofiev, el elenco al completo del ballet del Bolshoi no habría podido pisar tantos excrementos juntos. Nunca en la historia de los conflictos humanos, unos pocos mintieron tanto a tantísimos.

Como siempre que el PP se pone a justificar cualquiera de sus despropósitos, no hay una sola de estas explicaciones que no oculte una boñiga. Para empezar, Mariano lo sabía todo, puesto que Soria le había comunicado su decisión a él y a Guindos poco antes del verano. Después está el detalle de que Soria dejó de ser funcionario en activo hace más de un cuarto de siglo y ni siquiera solicitó su reincorporación en abril, cuando dimitió del puesto de ministro. Tampoco es cierto que hubiera ningún concurso, puesto que ni el Banco Mundial lo anunció ni salió publicado en el B.O.E.: se trata de un nombramiento a dedo, ya que el puesto fue elegido por una comisión técnica formada por cargos del PP. En fin, da tanto repelús seguir enumerando los embustes que hasta algunos gerifaltes del PP -Cristina Cifuentes, Juan Vicente Herrera, Núñez Feijóo- han expresado en voz alta sus naúseas.

En efecto, la historia huele tan mal que Soria, finalmente, ha decidido tirar la toalla, un gesto que deja todos los capotes que le han echado a la altura de las cloacas. Una vez más el PP repite aquel delicioso chiste soviético de Radio Macuto que citaba Zizek:

-Oye, ¿es verdad que Rabinovitch ha ganado un coche nuevo en la lotería estatal?

-En principio, sí, ha ganado un coche nuevo; sólo que no es un coche, sino una bicicleta, y tampoco es nueva, sino vieja, y no la ha ganado, sino que se la han robado.