Punto de Fisión

Linchemos pero seguro

En una extraordinaria enumeración caótica, una de las más brillantes de la literatura, Jorge Luis Borges especificaba que una de las muchas consecuencias de la inesperada importación de negros a las Antillas fue "la admisión del verbo linchar en la décimotercera edición del diccionario de la Academia". El término fue adoptado al castellano a través del apellido de un revolucionario estadounidense, Charles Lynch, quien ordenó la ejecución de una banda de lealistas después de que un jurado los absolviera de sus cargos. Un linchamiento siempre necesita un objeto (da igual que sea culpable o inocente) y un grupo de linchadores (cuanto más numeroso y miope, mejor). También necesita una plaza pública y un árbol armado con ramas lo bastante fuerte como para soportar una horca y el peso de un paisano.

Algo hemos adelantado desde que la virtualidad ha entrado en juego y se ha sustituido la muerte por el oprobio, las estacas por las teclas y la horca por la picota. En la actualidad, los linchamientos, en lugar de en la plaza pública, suceden en las redes sociales, mayormente twitter o facebook, aunque las hordas se siguen amparando en la mera fuerza bruta del número -por citar a Borges otra vez: "la democracia es un abuso de la estadística". Basta que un colectivo se sienta herido, tocado, ofendido o despreciado por un comentario (inocente o no, estúpido o no, con razón o no) para que se desate una avalancha de insultos, amenazas, reclamaciones judiciales, peticiones de despido y demandas de exilio.

Hace sólo unas semanas se produjo un linchamiento más o menos unánime por unas declaraciones bastante controvertidas del cómico Jorge Cremades, en las que el hombre afirmó -sin ser muy consciente no sólo del jardín que estaba pisando sino de la tontería que estaba diciendo- que había más violaciones a hombres que a mujeres, si se contaban las violaciones carcelarias. Mucho más lamentable que el patinazo de Cremades fue el titular con que la periodista desencadenó una paliza mediática por parte de una turba de feministas ofendidas. Cierto que Cremades se equivocaba, cierto que algunos de sus videos son de muy mal gusto, pero, ¿de verdad justifica eso un linchamiento? Creo que nada -ni un chiste malo, ni un comentario inoportuno, ni siquiera algún artículo de opinión verdaderamente lamentable de Salvador Sostres- lo justifica.

Pocos días después, Ana Morgade hace un monólogo humorístico en El Club de la Comedia sobre la adopción y recibe de inmediato una lluvia de bofetones virtuales en el que le afean su escasa sensibilidad sobre el tema, reclaman la retirada del video del programa y exigen disculpas públicas por parte de la actriz. Es muy posible que el monólogo no sea una obra maestra del humor, pero también es evidente que la gente ignora por completo el sentido y el alcance de una sátira. Lo dije en su día con los espantosos chistes de mal gusto que repitió el concejal Zapata y que le costaron el cargo: el humor siempre ofende a alguien. Hay chistes racistas y chistes machistas y chistes sobre violaciones, lo mismo que hay chistes sobre la muerte, y eso no significa que aplaudamos la xenofobia, el machismo, la violación o la muerte. Significa que el humor es un arma, un desahogo, una forma de defensa y un instrumento de indagación, quizá el mejor bisturí con el que la especie humana se enfrenta a sus peores temores. ¿Quién va a ser el listo que va a ponerle límites al humor cuando incluso los propios judíos en los campos de concentración hacían chistes sobre su situación desesperada?

En El cerdo está muerto, un libro sobre la comicidad y el humor negro en los tiempos del Tercer Reich, Rudoph Herzog explica cómo el humor era una de las pocas cosas con las que los judíos todavía podían defenderse del horror, una señal de inteligencia y un grito de libertad irreprimible. Herzog relata este chascarrillo inconcebible sobre dos jefes del Consejo Judío de Amsterdam acusados de colaboracionismo con los nazis: "El profesor Asscher y el señor Cohen son llamados a la presencia de los oficiales y se les comunica que hay que gasear a los judíos, a lo que el profesor responde: Pero, ¿ponéis vosotros el gas o lo tenemos que poner nosotros?"