Opinion · Punto de Fisión

El futuro es ayer y Aznar su profeta

Ya hemos advertido anteriormente del peligro que correría el mercado editorial si Aznar despachara libros al mismo ritmo que castiga abdominales. Afortunadamente, Jose Mari cada vez habla más para adentro, concretamente entre la nuez y el epigastrio, y el monólogo interior tarda lo suyo hasta que encuentra el camino de salida. Aun así, sus obras van amontonándose una detrás de otra, redondas y perfectas como las bolas de un escarabajo pelotero. Libro a libro, Aznar da la impresión de estar a punto de inaugurar un nuevo género literario, uno en el que cualquier día podría empezar a escribir con goma de borrar, un ejercicio zen que sus lectores nunca le agradecerían bastante.

Su reciente comparecencia ante la comisión de investigación del Congreso fue apenas el aperitivo de la gira de promoción de su última entrega narrativa, una fascinante novela de ciencia-ficción en la que España no participó en la guerra de Irak; Zaplana no fue acusado por los delitos de falsedad, cohecho, prevaricación, blanqueo de capitales y pertenencia a organización criminal; Podemos ha sido financiado con capital iraní y venezolano; y el PP es un partido honrado a carta cabal, más limpio que el currículum de Pablo Casado. Los críticos que acudieron en su día al aperitivo se encontraron con que, efectivamente, Jose Mari estaba dando a luz una nueva forma literaria: las posmemorias, que son a las memorias lo que el alzhéimer a una pedorreta.

La última donación de Aznar al noble arte de la papelería consiste en un volumen titulado El futuro es hoy (editorial Planeta) donde las mentiras empiezan por el título. Entre otras acuciantes cuestiones, el libro habla de la corrupción, la situación en Cataluña, el desafío de la economía china, la revolución tecnológica, la amenaza del populismo, la crisis del neoliberalismo y los retos que nos plantea el futuro. También es una de las pocas ocasiones donde el preclaro adalid del mundo occidental admite que pudo haber hecho algo mal durante la guerra de Irak: “Nuestro principal error no fue querer derrocar a Sadam Hussein, sino suponer que su derrocamiento produciría automáticamente un cambio de gobierno hacia la democracia liberal y, en consecuencia, una transformación de Oriente Medio que lo encaminaría hacia la paz durarera”. Creer que cientos de miles de iraquíes asesinados iban a producir “automáticamente” la democracia y la paz -igual que una plantación de cadáveres regada con toneladas de explosivos- da una idea de la audacia y la profundidad del pensamiento político y ético de Jose Mari.

En estas coordenadas de progreso mental hay que situar las recientes declaraciones de Aznar al ser entrevistado por otra de las grandes innovadoras de la literatura en castellano, Ana Rosa Quintana, una autora que realizó la increíble proeza de plagiar el libro de otra autora sin haberlo leído primero. En ese ambiente de tertulia cultural que únicamente puede alcanzar Tele5, Jose Mari hizo un encendido elogio del líder del Vox, Santiago Abascal, asegurando que se trata de “un chico lleno de cualidades”, aunque no especificó exactamente cuáles. Aznar dice que el futuro del PP pasa por la extrema derecha de Abascal del mismo modo que Abascal pasó por el PP, sus hipotéticos votantes por las urnas de Génova, las armas de destrucción masiva por su imaginación y los monos de Gibraltar por la corona española.