Opinion · Punto de Fisión

Rosa Díez llama a las armas

Rosa Díez aún no ha superado el trauma de perder las primarias del PSOE hace 18 años en unas elecciones en que quedó en último lugar, después de Matilde Fernández, José Bono y un por entonces casi anónimo Rodríguez Zapatero. Fue un palo muy duro que no la votara prácticamente ni Perry Mason y además tampoco era la primera vez que sufría un descalabro en los puestos de avanzada del partido, ya que en 1998, dos años antes, perdió también las primarias del PSE para candidato a lehendakari, esta vez contra Nicolás Redondo.

Podía parecer mala suerte pero la verdad es que muchos ya la habían calado. En el instituto en que aterricé en tercero de BUP también había un chaval que estaba como loco por conseguir la plaza de delegado de clase: por eso mismo no lo votaba nadie. El año en que llegué yo a aquella clase la oposición contra su candidatura era tan fuerte que por poco no eligen a Zapatero: me eligieron a mí, que ni siquiera me había presentado y protesté enérgicamente, aunque no me valió de nada. Furioso, aquel chaval se sublevó haciendo el servicio militar por su cuenta; lo hacía en los recreos y a veces entraba en clase vestido de marinero.

Esta semana, Rosa Díez, exasperada contra Pedro Sánchez, el último tipo que le ha usurpado su destino presidencial, ha decidido hacer lo mismo. Ha publicado un artículo con prosa de legionario comparando la situación actual con la “destrucción del orden constitucional” en tiempo de la Segunda República y haciendo un llamamiento a defender la nación, al estilo de Franco y demás salvapatrias. Para salvar la democracia, reventemos el parlamento. Si antes Díez hablaba sin el menor reparo de “enemigos de la patria”, ahora escribe sobre “golpistas catalanes”, “proetarras vascos” y “bolivarianos”. La prosodia nunca ha sido su fuerte, pero esta vez parece que le hubiera copiado la sintaxis a la cabra de la Legión, cuando no a Federico Jiménez Losantos.

El ansia de poder puede hacer perder la cabeza con una violencia que ya quisieran la psicopatía, la mala leche o la enfermedad mental. Díez cometió el gran error de su vida cuando se puso estupenda y no quiso aparear UPyD con Ciutadans, para que Rivera no le quitara protagonismo; fue entonces cuando perdió para siempre el tren del Ibex. Ahora marcha en una vagoneta de tracción manual, enloquecida por hacerse un hueco entre la extrema derecha más rancia y patriotera cuando ese espacio político está saturado hasta las heces. Siempre quiso ser Rosa de España pero se le adelantó una chica que daba el cante mejor y a estas alturas ya no vale ni como figura folklórica. Qué lejos quedan aquellos tiempos (11 de junio de 1999 en La Vanguardia) en que decía que “si alguna vez, la mayoría de los vascos quisiera la independencia, la democracia se adaptaría, porque la democracia es la capacidad de adaptarse a lo que deseen los ciudadanos libremente, en la urna”. Ahora la democracia consiste en adaptarse a lo que ella diga. Rose is a rose is a rose es una frase de Gertrude Stein que terminó embarrancando en una canción de Mecano.