Opinion · Punto de Fisión

Cospedal, levántate y anda

Ahora que ha pasado Halloween -que es el día en que los monstruos salen a mendigar truco o trato- y que se acerca la Navidad -que es la fecha hacia la que se dirigen a paso corto las muñecas de Famosa- era el momento idóneo para hacer pública una nueva grabación de Villarejo hablando con Cospedal y con su amantísimo esposo (quienes junto a Jorge Fernández Díaz y Marcelo, su alero ángelico, forman algo así como el Dream Team de las Cloacas) de las cosas que suelen hablar los dirigentes del PP con los porquerizos estatales, es decir, encontrar la mejor manera en que se puede echar mierda sobre sus rivales, a ser posible desviando fondos públicos para que la operación sea ya la hostia.

Esta vez los agraciados eran el hermano de Rubalcaba y el mismísimo Javier Arenas, de quienes Villarejo charla con su gracejo habitual con el marido de Doña Finiquito, López del Hierro. En su conversación, un dechado de retórica, no podían faltar las putas, un club de alterne llamado “Pigmalión” donde solían acudir protagonistas de la Gürtel como Francisco Correa o Álvaro Pérez el Bigotes. Es otro clásico del repertorio del PP: las putas por volquetes. “Es un perfecto cabrón” dice Villarejo de Rubalcaba, lo cual, viniendo de quien viene, es un elogio en toda regla. “Pero es el más sensato. No lo veo, demasiado obvio. Él es más sutil, mucho más hijo de puta, más sibilino, más vaticanista. Te levanta el brazo, te pega el estacazo y luego te baja el brazo para que no sangres”.

La última metáfora, que equipara a Rubalcaba con Van Helsing, el cazador de vampiros, también deja intuir cierta vena poética en Villarejo, como si por momentos se creyera el Bram Stoker de las alcantarillas tomando notas para la gran novela hispánica de los bajos fondos. El comisario iba recopilando información de sus enemigos y de sus amigos (sobre todo, de sus amigos, que son los que tienen más peligro) hasta el punto de que su fonoteca debe de ser el equivalente en trapos sucios de los Episodios Nacionales de Galdós y de El ruedo ibérico de Valle-Inclán con regüeldos y eructos de fondo. Se ha dicho muchas veces, aunque no las suficientes, que el célebre bodorrio de la hija de Jose Mari en El Escorial fue la versión hardcore de la boda de El padrino, pero quizá no se haya insistido bastante en que muchos de los capos del PP aprendieron a fondo la lección número uno de Vito Corleone: “Ten cerca a tus amigos, pero más a tus enemigos”. A Villarejo lo tenían a un whisky de distancia.

Más que vampiros, zombis o licántropos, el monstruo emblemático del PP es la Momia, no sólo la histórica mojama acochinada en el Valle de los Caídos, sino también Fraga, que parecía que hablaba en egipcio y en los últimos tiempos se movía de perfil, y Aznar, que al principio hablaba de perfil y ahora se mueve en egipcio. A Cospedal, la penúltima reencarnación de la Momia, los jeroglíficos se le empezaron a amontonar en aquella famosa explicación sobre el finiquito de Bárcenas donde terminó por arrojar a los periodistas una piedra de Rosetta. Ha dimitido en diferido de su cargo en la ejecutiva del partido y probablemente dimitirá de su simulacro de escaño de diputado, en cuanto salga el próximo audio. Eso sí, quiere que la ministra Delgado también dimita por reunirse a cenar en un restaurante con Villarejo, porque para ella es lo mismo una mariscada que su despacho oficial en la sede del PP. La verdad es que parecerlo, lo parece.