Opinion · Punto de Fisión

Oswald a la española

Fue Woody Allen quien, trabajando una sentencia de Lenny Bruce, aseguraba que la tragedia es la comedia más tiempo. También puede decirse que, a menudo, la comedia no es sino la tragedia sin la sangre. A mi hermano Dani le encanta compartir videos fascinantes de personas increíblemente suertudas que, en cuestión de un instante y contra todas las leyes de la física, vuelven a nacer. Accidentes de coche que pasan rozando la jeta de un viandante despistado, osos que están a punto de zamparse a un ciclista, rocas enormes que se derrumban a milímetros de la nuca de un escalador, etc. La mayoría de ellas son variaciones más o menos complejas de aquel número de cine mudo en el que la fachada de un edificio caía entera sobre Buster Keaton y su cuerpo coincidía exactamente con el hueco de la ventana.

A toro pasado, esos accidentes inverosímiles dan mucha risa. La risa que ha sacudido a la derecha montaraz tras la detención de Manuel Murillo, un Rambo de la tercera edad que dijo que iba a cargarse al presidente del gobierno para impresionar a una dirigente de Vox, y vaya sí la impresionó, como que ha acabado entre rejas. La historia empezó entre chistes, llamando a Pedro Sánchez el okupa de La Moncloa, y siguió con más chistes desde el ámbito judicial, que no lo consideró siquiera amenaza terrorista, a pesar de que cumplía con el requisito indispensable según la Fiscalía: no tener un arsenal de armas dispuesto para el atentado sino haber manifestado sus intenciones vía twitter, como un rapero cualquiera.

Las carcajadas han llegado al punto de comparar a Sánchez con Kennedy y a Murillo con Lee Harvey Oswald, una comparación bastante temeraria cuando uno cae en la cuenta que Oswald, al igual que Murillo, era un tirador más que mediocre, y que la teoría del asesino solitario se disolvió hace ya décadas entre conspiraciones que implicaban a la CIA, al FBI, a la mafia, a Fidel Castro y al toro que mató a Manolet. Sin embargo, de haber detenido a Oswald antes del magnicidio, la cosa no habría pasado de una broma chusca, lo mismo que aquel camión de butano que conducía a toda hostia un sueco sin antecedentes por las calles de Barcelona y que las autoridades consideraron un incidente sin importancia hasta que pasó lo que pasó en el atentado bestial de Las Ramblas.

Ahora el francotirador dice que todo era un disparate, que lo hizo sin pensar, que estaba muy borracho y que él es mucho más franco que tirador. Qué va a decir el pobre hombre, salvo que le habían puesto la cabeza como un bombo entre las proclamas de la ultraderecha para defender a España de las traiciones de Sánchez y el desafío independentista. También nos estamos riendo a carcajadas del video de Santiago Abascal a caballo, con la música de El señor de los anillos a todo trapo, preparado para reconquistar España, y vete a saber si las risas no se nos disecan en la cara cualquier día de estos.