Opinion · Punto de Fisión

Vagos y maleantes del PP

Uno de los tópicos más persistentes respecto a la derecha española es que ellos tienen muchos defectos, sí, pero en cuestiones de dinero son muy serios y además en sus manos la economía funciona. Podrán montar sucursales de la Cosa Nostra en cada comunidad autónoma, podrán utilizar la policía para espiar a sus rivales políticos y perseguir titiriteros, podrán ponerse a condecorar vírgenes y muñecos de madera como locos, podrán cagarse en la cultura y dejar la industria cinematográfica hecha unos zorros, pero a la hora de la verdad, no pierden ojo de los índices bursátiles y la buena marcha del negocio. Sobre todo en Venezuela.

Para desmentir este bulo no hace falta recurrir a los grandes números, a la deuda, al agujero de las pensiones y a todos esos datos ciclópeos que siempre pueden desmentirse con un gráfico adecuado. Basta observar el detalle de que España acumula más de dos años y medio de retraso en la aplicación de las leyes hipotecarias europeas, lo que puede traducirse en una multa que rondaría los cien millones de euros. Hay 79 directivas europeas pendientes de aplicación en el sistema financiero español, 28 de ellas fuera de plazo, y todo porque durante la pasada legislatura el gobierno de Mariano Rajoy en general, y el ministerio de Luis de Guindos en particular, estuvo muy ocupado rascándose el forro de los sobacos. En el lote de los deberes sin hacer hay directivas de todo tipo, desde algunas relativas al fraude fiscal o el blanqueo de capitales hasta otras relacionadas con secretos comerciales o planes de pensiones.

En los pocos meses que lleva al frente de Economía, Nadia Calviño y sus asesores han tenido que ponerse las pilas y empezar a tramitar leyes y decretos a toda máquina, la inmensa mayoría de los cuales deberían estar en funcionamiento desde muchos meses atrás. No hay que olvidar que la cachaza proverbial de Mariano (ese fabuloso dominio de los tiempos que consiste en sentarse a leer el Marca) ha sido siempre vista por sus incondicionales como una de sus grandes virtudes. Los problemas, para el ejecutivo mariano, bien se resolvían solos o no se resolvían de ninguna manera, excepto el conflicto catalán, que lo mejor fue intentar resolverlo a hostias. De hecho, el pifostio independentista ha sido la gran excusa del PP para no dar ni palo al agua y dedicarse a imitar sutilmente a Celia Villalobos. El Candy Crush no tiene secretos para ellos.

¿Qué hacía mientras tanto el inefable Luis de Guindos, el aguerrido capitán que dirigía una de las filiales europeas de Lehman Brothers en el espectacular cenit de su derrumbe financiero? Básicamente trabajando en su futuro personal, postulándose como candidato a vicepresidente del Banco Central Europeo, donde podrá seguir haciendo el Billings, es decir, siguiendo el ejemplo del mejor secundario cómico de The Shield, aquel tipo que cuando lo ponen a dirigir la comisaría más chunga de Los Angeles monta un negocio de máquinas expendedoras y se tumba a la bartola. El que venga detrás, que arree.