Opinion · Punto de Fisión

Operación Retrete

Era casi fatal empezar el Día Mundial del Retrete con novedades sobre la financiación ilegal del PP, en concreto, sobre la Operación Kitchen, un operativo policial controlado por el el inefable Villarejo y destinado a hacerse con la documentación que Bárcenas tenía en contra del partido. Como todas las operaciones que implican a Villarejo, ésta también contaba con espoleta retardada. El estallido ha supuesto la publicación por parte del diario El Mundo de unos papeles donde hay apuntes de pagos en dinero negro para el sastre de Mariano, para la boda de la hijísima de Jose Mari y para el marido de María Dolores, entre otros muchos delitos. Es decir, nada que no supiéramos. Lo que no se entiende muy bien es por qué a esta operación en concreto la llamaron kitchen, cocina en inglés, cuando está claro que se refiere a las cloacas, al WC, al retrete de Génova. Probablemente porque el PP es un partido tan poco versado en prácticas mafiosas que cagan donde comen, en lugar de mantener ambos recintos en compartimentos estancos.

Tampoco es comprensible, salvo para un experto en villarejología, que esos papeles no hubieran pasado directamente a disposición judicial, donde quién sabe hasta dónde podrían haber llegado. A lo mejor incluso hasta un juzgado. Por aquel entonces, en el caluroso verano de 2013, Mariano protagonizó una comparecencia estelar ante las cámaras donde dijo una de sus memorables sentencias: “Todo es falso, salvo alguna cosa”. En efecto, ahora acabamos de descubrir que también podía haber dicho: “Todo es falso, excepto todo”, porque los papeles de la Operación Kitchen documentan la corrupción del PP a todos los niveles y por todo el territorio español y buena parte del suizo. El ministerio del Interior, dirigido en aquellos tiempos por un radioaficionado de la Virgen de Fátima, ocultó durante años estas pruebas al poder judicial, desmintiendo aquel sabio consejo de La jungla de asfalto: “No puedes fiarte de la policía porque nunca sabes cuándo va a ponerse de parte de la ley”. En la España del PP, en cambio, te puedes fiar de la policía al cien por cien.

El mismo día que esta oleada de podre ascendía a las portadas de los periódicos se publicaba un mensaje del senador Ignacio Cosidó explicando, mediante un sencillo cálculo numérico, la manera de controlar los hilos del poder judicial y del Tribunal Supremo entre el PP y el PSOE. Esto no lo sabíamos tampoco, salvo alguna cosa. Cosidó, por cierto, era el director general de la Policía cuando Villarejo hacía de las suyas, pero no se enteraba ni del Nodo.

Para terminar de arreglarlo, la movida criminal ha pillado a Pablo Casado, Secretario Cuñado General, en Lepe, haciendo chistes justo una semana después del primer aniversario de la muerte del inolvidable Chiquito de la Calzada. Casado -que tiene un estilo de dar mitines muy de monólogo cómico, riendo sus propias gracias -ha dictaminado que toda esta inmundicia es cosa del pasado. También es verdad que el pasado cada vez le pilla más cerca, ayer mismo para ser exactos, y que Casado, que tiene siempre en la cabeza las grandes gestas históricas, para la corrupción padece lo que técnicamente se conoce como memoria de pez. Con lo fácil que era tirar de la cadena, aunque entonces se quedan sin PP.