Opinion · Punto de Fisión

La Virgen del Pilar dice

Que la Virgen del Pilar amaneciera la víspera del 20 de noviembre festoneada de símbolos falangistas tampoco ha sido ninguna sorpresa. La complicidad de la iglesia cristiana con el fascismo, especialmente desde las altas jerarquías, es un clásico en un país donde algunos de los mayores genocidas de nuestra historia reciente se hallan enterrados con todos los honores en diversos templos católicos. El carnicero Queipo de Llano, responsable directo del asesinato de Lorca y de algunas de las mayores matanzas de la Guerra Civil, está enterrado en la Basílica de la Macarena en Sevilla, mientras el propio Lorca y muchos de los paisanos que mandó acribillar aún esperan el rescate desde sus fosas anónimas. En cuanto a Franco, reposa en un lugar de la iglesia tradicionalmente reservado a santos y arzobispos, con lo que ese espanto indecente llamado el Valle de los Caídos no sólo es el mayor monumento fascista del planeta sino también un mausoleo personal: la última pirámide erigida a mayor gloria de un faraón asesino.

Sin embargo, la historia de amor entre el fascismo y el catolicismo va mucho más allá de nuestro país. No hay más que recordar que la principal ruta de escape de los criminales nazis tras las caída del III Reich fue a través del Vaticano, el llamado Pasillo Vaticano cuyo cerebro era monseñor Giovanni Battista Montini, más conocido posteriormente como Pablo VI. Aun más tremendo fue el entusiasmo homicida de los croatas católicos, los ustasha de Ante Pavelic, quienes pusieron en funcionamiento el campo de exterminio de Jasenovac, un lugar pavoroso donde fueron asesinadas al menos 700.000 mil personas, principalmente serbios, pero también judíos, gitanos, ortodoxos y musulmanes. La crueldad de las torturas y de los métodos de ejecución llegó a horrorizar a los propios nazis.

No hace falta ser un experto en teología para comprender que las altas instancias de la iglesia católica han pervertido la doctrina del cristianismo auténtico hasta darle la vuelta por completo, un calcetín monstruoso que hace burla de los votos de pobreza y castidad entre templos revestidos de oro, obispos entregados a la avaricia y jaurías de depredadores de niños con sotana. Un viejo refrán español los clavó: “A Dios rezando y con el mazo dando”. Por supuesto que hay curas pobres, hay misioneros abnegados y monjas bondadosas que dedican su vida a ayudar a los enfermos y los desfavorecidos, pero la historia demuestra que el Vaticano oculta casi desde sus orígenes una gusanera de corrupción, de pecado, de codicia y de crimen.

Esta misma semana, Luis Alfonso de Borbón se revolcaba en la infamia de pedir una oración por el alma de Francisco Franco, un mensaje religioso repugnante que mezclaba el patriotismo de garrafón con la beatería de mesa camilla. Es típico de los gángsters, de los tiranos y sus lameculos santiguarse mucho y no faltar a misa, cuando en realidad no hacen más que cagarse en los diez mandamientos uno detrás de otro, con especial hincapié en el no matarás, no robarás y amarás a tu prójimo como a ti mismo. Jesucristo -que de haberlos conocido les hubiera escupido a la cara y los hubiera echado a patadas del templo, como a los cambistas y mercaderes- conocía muy bien a esta morralla: los llamaba “sepulcros blanqueados”.