Opinión · Punto de Fisión

El marxismo de Ciudadanos, rama Groucho

No se puede decir que las negociaciones para presidir el gobierno de Andalucía no hayan sido transparentes. Todo dependía de los chicos de Ciudadanos, quienes estaban obligados a elegir entre nadar y guardar la ropa, es decir, entre pillar cacho o salvaguardar su talante centrista para que en Europa no les mirasen mal por sentarse en la misma mesa que los cavernícolas de Vox. Al final, como era de prever, han optado por ambas alternativas, arrojándose al fondo del pozo con la ropa puesta.

Tampoco era la primera vez que tiraban por la borda sus principios de regeneración, de hecho, sus votantes todavía están esperando a que los estrenen cualquier día de estos. En su particular homenaje a Groucho en Andalucía han convertido las reuniones entre las distintas facciones políticas en un camarote de los hermanos Marx donde no ha faltado ni el camarero. La mañana del día de Navidad un fotógrafo indiscreto captó una imagen de Juan Marín, Teresa Rodríguez y Antonio Maíllo en un bar, discutiendo por una ración de churros. Susana Díaz ya había dejado claro que no quería ver a los representantes de Vox ni en pintura y estos días se había ofrecido a presidir la Junta de Andalucía, a aplicar el artículo 155 en Cataluña y a pedir dos tapas de calamares.

Marín quería que cada uno de los partidos con representación parlamentaria -PSOE, PP, Ciudadanos, IU y Vox- tuviera su lugar en la mesa con él haciendo de pegamento. Esta intentona de buen rollo a lo Paulo Coelho no ha podido salir adelante por culpa de la cabezonería de la izquierda, que no se juntan con según qué gente, y también del PSOE, que tampoco. Para darse cuenta de la apertura de miras de Moreno y Marín (gran nombre para un dúo cómico), no hay más que leer detenidamente el punto 85 del acuerdo entre ambas formaciones, referido a su apoyo a la diversidad sexual y de género: “Defenderemos los derechos de las personas lesbianas, gais, transexuales, transgénicos e intersexuales”. Es decir, que si usted algún día quiere follarse un tomate o implantarse un pepinillo en los genitales, ya sabe: Moreno y Marín están a la que salta.

El problema de tender la mano a todas partes y querer estar en todos los sitios a la vez, el centro, la derecha y la extrema derecha, es que al final el brazo acaba haciendo el saludo nazi. No menos impresionante que la facultad acomodaticia de Ciudadanos para vestirse cualquier chaqueta resulta la flexibilidad del PP, que se hartó de anunciar a voces que tenía que gobernar la lista más votada siempre que la lista más votada fuese la de ellos. La tarea de desalojar al PSOE de su sempiterno trono andaluz está a punto de empezar y el cambio ya se vislumbra en el horizonte con medidas tan populares como subir los sueldos de los altos cargos, bajar los impuestos a los millonarios y primar la educación privada por delante de la pública. Y dos huevos duros.