Opinion · Punto de Fisión

El cuento de Navidad de Ana Botella

No es nada fácil ser la señora de Mr. Scrooge, mire usté. Tiene que estar una todo el día pendiente de la búsqueda de las armas de destrucción masiva y llevando la cuenta de los abdominales de su marido, que a estas horas debe de haber adelantado a Schwarzenegger. A Chuache -cuando la señora de Mr. Scrooge todavía era alcaldesa suplente- lo nombró embajador turístico de la capital, aunque muchos madrileños habríamos preferido que nombrara a Danny DeVito, primero, porque estaba más a la altura de su gestión, y segundo, porque pocos como el pequeño gran actor de New Jersey han entendido que Madrid es una work in progress continua, una Sagrada Familia inacabada por los siglos de los siglos y extendida a lo largo en vez de a lo alto. Puede que “sagrada” no, pero “familia” había un rato largo, tanto que se celebraba una boda de los Scrooge y los invitados venían hasta de Soto del Real con código de barras.

Fue precisamente esa irrefrenable tendencia a llenar la capital de socavones, de vallas y de banderas inmensas como campos de tenis la que provocó la aparición del Fantasma de las Navidades Pasadas, por otro nombre Gallardón, cuyos desmanes y tropelías, según van pasando por los juzgados, han ido reduciendo considerablemente el presupuesto del actual equipo de gobierno madrileño. De clásicos navideños Ana Botella también sabe un rato largo, como que tiene una selección de los mejores cuentos para leer en familia en estas señaladas fechas. Es un libro perfecto para echarlo a una hoguera y calentarse las manos en este gélido invierno, ya que gracias a ella y al modo en que desvalijaron 1.860 viviendas públicas, muchos hogares no disponen de calefacción, electricidad, agua corriente, paredes o techo. Botella predica el cristianismo con el ejemplo: el ejemplo de cientos de familias al borde del desahucio y condenadas a vivir a la intemperie, como si estuvieran en Belén, perseguidos por Herodes.

Es sabido que Dickens escribió su Cuento de Navidad conmovido e indignado por la miseria en que se encontraban los niños de las familias pobres en Inglaterra. Puede decirse que fue el primer escritor que situó a la infancia en primer plano, subrayando su indefensión, su desvalimiento, ya que antes de él los niños no eran más que secundarios de lujo, supervivientes en una mortal carrera de sacos para hacerse adultos cuanto antes y quitarse de encima a un viejo ciego cabrón o a los pretendientes de Ítaca. Dickens pensó primero en escribir un panfleto que alertara contra la injusticia del trabajo infantil y los efectos brutales de la revolución industrial en los vástagos de la clase trabajadora. Sin embargo, al final decidió que la ficción podía llegar más lejos que la realidad y se inventó a Mr. Scrooge, sin sospechar que Mr. Scrooge podía ser mucho peor en la realidad que en la ficción y no arrepentirse ni aunque le desahuciaran el bigote. El villano de esta historia real como la vida misma tiene nombre de avaro dickensiano, Blackstone, pero las víctimas son todas anónimas y se tomaron la noticia de la condena a Botella y sus concejales como una inocentada. La noticia tenía que salir un 28 de diciembre porque si algún día esta gente llega a pagar por todo lo que ha hecho será el Apocalipsis.