Opinión · Punto de Fisión

Beso negro a tres bandas

Moreno y Marín han tardado un mes en repetir la secuencia del beso en la boca entre Michael Caine y Christopher Reeve en La trampa de la muerte, una intrigante película de enredo criminal donde tenían que ocultar a todo el mundo su condición de homosexuales. Caine cuenta en Mi vida y yo (libro de memorias fabuloso donde los haya) que antes del rodaje Reeve y él acordaron llevar la actuación hasta el límite, pero con los labios sellados con pegamento y la advertencia previa de que a ninguno de ellos se les ocurriera asomar ni siquiera la puntita de la lengua. “Fue el beso con las bocas más cerradas de la historia del cine”, asegura Caine. Marín y Moreno le han dado una vuelta de tuerca a la dificultad extrema de la escena introduciendo un tercero en discordia, el ex juez Serrano de Vox, y además cambiando el beso en la boca por un beso negro.

Verdaderamente, las últimas declaraciones de Serrano (“Se da ayuda a cien maltratadas cuando sólo tres son reales”) parecen extraídas del fondo de un culo. Mejor no preguntarse cuál, porque tampoco es que haya mucha diferencia entre los tres tenores de la chirigota. La principal, quizá, es que únicamente los homínidos de Vox se atreven a decir en público lo que piensan. El partido de Abascal ha dado voz y voto a una inmensa minoría franquista, machista y retrógrada que ha aprovechado para salir del armario. Hacen bien en recogerse bajo una denominación en latín, porque todo su ideario y buena parte de su programa podría venir redactado en latín medieval con sangre de cabra recién sacrificada.

Por ejemplo, entre las 19 propuestas de Vox para investir a Moreno como presidente de la Junta de Andalucía se encuentran el desmantelamiento del estado autonómico, la expulsión inmediata de 52.000 inmigrantes, la creación de una consejería de Familia con un plan integral de aumento de la natalidad, la oferta de cambiar la celebración del Día de Andalucía al 2 de enero para conmemorar el final de la Reconquista, una ley de protección de la tauromaquia, otra ley de Protección de la Cultura Popular que incluya al flamenco en la categoría de folklore, la derogación de la ley de igualdad y no discriminación de personas LGTBI y la derogación de la ley de igualdad de género. Lo extraño es que no hayan pedido el traslado de la capital de Madrid a Puerto Hurraco o a Atapuerca.

Desde que aparecieron allá en Gibraltar, disputando la soberanía del Peñón a los monos, los correligionarios de Vox han saltado a la palestra como Jean Reno y Christian Clavier en Los visitantes no nacieron ayer, aquella lamentable comedia francesa donde dos energúmenos medievales aterrizaban en nuestra época emprendiéndola a mandobles contra automóviles, cabinas de teléfono y cualquier otro objeto que les resultara raro. He intentado ver el bodrio entero en varias ocasiones pero me ocurre igual que con el programa de Vox, que no hay quien se lo trague. Me lo he tropezado en televisión por el principio, por el medio y por el final y nunca he podido pasar de dos minutos tras un ataque de vergüenza ajena. No había más que el equívoco de un par de mostrencos fuera de época, espantados ante cualquier signo de progreso.