Opinion · Punto de Fisión

Errejón, don Erre que Erre

Existe un tópico, ratificado una y otra vez desde los tiempos de Anguita e incluso desde antes, según el cual la izquierda se suicida a base de divisiones, subdivisiones, rupturas y transfuguismos varios. En lugar de presentar un frente común (“popular” sería lo ideal, de no ser porque el término se lo apropió la derecha hace décadas con excelentes resultados), la izquierda prefiere romperse, desmembrarse, partirse, escindirse, desangrarse, reventarse, hacerse mierda, coger el cesto de las chufas, irse a tomar por culo. Que la principal formación de izquierdas hasta la irrupción años atrás de Podemos llevara el calificativo de “Unida” debe contemplarse más como una superstición o un exorcismo que como el chiste que finalmente resultó siendo.

La biología, sin embargo, desmiente a diario esta tendencia a la autodestrucción mediante el sencillo procedimiento de la mitosis, un proceso que la derecha ha replicado varias veces con un éxito sin precedentes. Así, diversas células desgajadas de la gangrena del PP han formado el paramecio de Ciudadanos y la ameba de Vox, demostrando que, contrariamente a lo que reza el refranero, la desunión hace la fuerza y más aun: la fuerza bruta. Divide y vencerás, aunque tengas que dividirte a ti mismo.

Errejón lleva años intentando aplicar este principio de la división celular en Podemos, un partido muy dado a las mutaciones y metamorfosis pero que, en cuestiones de biología, anda más bien pez. Don Erre que Erre lo intentó en solitario y por parejas, en pasillos y en congresos a la vista del público, disfrazado y a cara descubierta, en la modalidad de aire libre y bajo techo. Por eso nadie debería haberse sorprendido de la nueva espantada de Errejón en busca de prados autonómicos y municipales. De modo que la transversalidad consistía básicamente en una puñalada por la espalda, pero qué culpa tenía Errejón de que todo el mundo le estuviera dando la espalda.

Acostumbrado a hacer política a base de teleseries, de escuchas en The Wire y de conspiraciones a lo Juego de tronos, a Pablo Iglesias se le pasó fijarse más en los clásicos y, sobre todo, en El Padrino y en Shakespeare. No podía sospechar que el consejo de Vito Corleone a su hijo Michael (“ten cerca a tus amigos, pero más cerca a tus enemigos”) iba a darle en la boca como un bumerán diecisiete veces. La propuesta de Bescansa en marzo del año pasado -una traición supina de la cual Errejón se alejó, horrorizado, apenas se hizo pública- debería haber puesto sobre aviso al pablismo de que no era buena idea seguir amamantando la disyunción en el seno mismo del partido. No cortaron por lo sano y ahora se ven en la necesidad de cortar por lo podrido, sin que lo podrido se haya dado por enterado. Errejón ha renunciado a su escaño de diputado pero de Podemos van a tener que despegarlo con agua caliente. Mientras tanto, en medio de la errejoniada, la dimisión de Llamazares ha pasado desapercibida hasta para el FBI.