Opinion · Punto de Fisión

Tres fachas para un banco

El domingo, si una piadosa ciclogénesis no lo impide, podrá asistirse al espectáculo de ver a los tres líderes de la derecha española compitiendo para ver cuál de los tres es más facha. Difícil competencia, puesto que cada uno en su estilo ha hecho méritos suficientes para ostentar el título. Sin duda Abascal es el más directo y expeditivo del trío, pero Casado y Rivera no le van a la zaga. La alianza recuerda a la que formaron Hitler, Mussolini e Hirohito con el Eje, los tres intentando calzarse la misma bota a la vez, aunque en el caso del terceto hispánico, más que el Eje, sería el Aserejé.

Si este chiste les suena es porque se lo he robado a Forges, quien lo plantó con Aznar entre el Eje del Bien y el Eje del Mal (en aquel tiempo el bigote todavía no había emigrado). Es una pena que Forges ya no esté con nosotros porque uno se imagina la viñeta que podría sacar ese mismo domingo con el tema e incluso pintar los bocadillos, aunque la verdad es que la viñeta la van a plasmar en carne y hueso los Tres Tenores Fachas, cada uno de ellos dispuestos a cantar una burrada más gorda que el anterior sobre Cataluña, sobre Venezuela, sobre don Pelayo o sobre el precio del pan. El caso es hablar y no cerrar la boca. Hitler y Mussolini tuvieron el honor de que Chaplin los ridiculizara en una película, pero Casado, Rivera y Abascal son más de dibujos animados y no necesitan guionista para hacer el ridículo ellos solos.

No es habitual escribir una crónica del evento cuatro días antes de que se produzca, pero como estos tres personajes practican una oratoria de patrañas, hipérboles y medias verdades, quizá lo más lógico sea recurrir al futuro pluscuamperfecto. De entrada, va a estar complicado establecer el orden de discursos, ya que ninguno querrá actuar de telonero: si los tres pisaran juntos una tarima, se daría el caso excepcional de que no habría nadie a la izquierda, un auténtico misterio en el campo de la física y no digamos en el de la zoología. Llevando al límite esa peculiar lógica política según la cual un golpe de estado -el de Franco- es un acto democrático mientras un régimen democrático -el de Maduro- es una dictadura, llegará un momento en que cualquiera de los tres, dos de ellos o el terceto al unísono podría autoproclamarse presidente con la bendición de Trump, de la Conferencia Episcopal y de Álvaro Ojeda.

Según esta peculiar lógica política, Sánchez hace el papel de okupa en La Moncloa al tiempo que el rey Felipe ha sido votado en masa por todos los españoles. Visto desde esta perspectiva, tampoco resulta muy extraño que Casado haya llamado a salir a la calle, como si fuese el 2 de mayo en lugar del 10 de febrero, apelando a «la España de los balcones». En su caso, más preciso sería hablar de «la España del balconing«, porque hay que estar borracho perdido y con el cerebro hecho salmuera para salir a la calle a protestar por lo del relator y quedarse en casa mientras saqueaban las pensiones, inyectaban dinero público a las cajas de ahorros o destrozaban la Sanidad y la Educación. Cuando nos quitamos de encima al estafermo de Mariano mediante una moción de censura, no habíamos previsto que de su cabeza cortada brotara el Cancerbero.