Opinión · Punto de Fisión

Doblar cucharas, parar el brexit

En El himno nacional, el primer episodio y quizá el mejor de la teleserie Black Mirror, un terrorista secuestra a una princesa de la familia real inglesa y amenaza con matarla a menos que el primer ministro se folle a un cerdo en vivo y en directo, ante las cámaras de televisión y en horario de máxima audiencia. Al final, como suele suceder, nada es lo que parece: el terrorista se destapa como un artista conceptual y el acto zoofílico no resulta tan divertido como los espectadores se creían. Muchos apartan la mirada, avergonzados o asqueados, de las pantallas donde el cerdo y el líder británico mantienen relaciones íntimas.

Toby Haynes, uno de los directores de Black Mirror, ha sido el encargado de llevar a la pantalla Brexit: The Uncivil War, un telefilm de hora y media que indaga en las vísceras del referéndum donde el Reino Unido votó por separarse de la Unión Europea. La cinta ha recibido críticas entusiastas y varapalos tremendos, pero de entrada puede decirse que quizá el realismo no sea la mejor perspectiva para enfrentarse a un proceso tan complejo y estrafalario como el brexit. Charlie Brooker, guionista de Black Mirror, ya había vaticinado algunos de sus aspectos esenciales, aunque ni siquiera alguien tan imaginativo como él pudo imaginar que era el cerdo el que se iba a follar al primer ministro.

En efecto, el brexit viene a demostrar una vez más, como si hiciera falta, que la realidad siempre es más extraña que la ficción y además va mucho más lejos. Más de dos años y medio después de la votación, la política inglesa sigue paralizada por esa especie de harakiri democrático en que ni las tripas acaban de salir ni la sangre llega aún al Támesis. Desde aquel aciago 23 de junio de 2016 da la impresión de que buena parte del electorado británico votó a ciegas o borracho perdido o en plan de coña, a ver qué pasaba, igual que esos hooligans de vacaciones en Ibiza que se arrojan de un balcón a una piscina a ver si aciertan. Un dato revelador es que, horas después de la victoria del brexit, las dos frases más buscadas en Google en el Reino Unido eran “¿Qué significa salir de la UE?” y “¿Qué es la UE?”

Muy probablemente la solución, si es que hay alguna, pase por hacer otro referéndum, como reclamaban ayer cientos de miles de manifestantes en Londres. Lo cual vendría a corroborar no sólo que el primero fue de fogueo sino que la democracia tendría que ejercerse con preservativo antes de mirar si en las urnas ha salido niño o niña. Llegados a este punto, no es extraño que Uri Geller haya hecho su aparición para pedir a los británicos que lo ayuden a parar el brexit mediante telepatía, igual que en aquel espectáculo televisivo en que invitaba a la audiencia a reparar relojes o doblar cucharas usando sólo el poder de la mente.

Geller dice que fue él quien profetizó la victoria de May tres años antes de que sucediera, al pedirle que tocara una cuchara que había pertenecido a Winston Churchill. Cuando salió en el programa de José María Iñigo, allá por 1975, muchos españoles juraron que habían conseguido doblar la cuchara en casa, aunque no fueron tantos los que dijeron que habían logrado que un reloj parado echase a andar otra vez. De momento, deshacer el brexit no está resultando tan sencillo como doblar una cuchara, probablemente por la misma razón que romper un reloj siempre es más fácil que arreglarlo. Especialmente cuando lo has roto a martillazos.