Punto de Fisión

Caverna para osos

Hace poco compartí una foto del líder de Vox, Santiago Abascal, en la que manejaba un altavoz al revés, es decir, llamándose a voces a sí mismo. De inmediato, algunos de sus incondicionales me reprocharon que estaba faltando a la verdad, una infracción que ellos no perdonan. En efecto, la foto estaba manipulada, aunque yo la empleaba más bien como metáfora de lo que significa Abascal, de lo que significa Vox y de lo que van a votar sus seguidores: una lupa de aumento dirigida sobre un embustero nato, un bulo detrás de otro, un infundio en bucle, en tres dimensiones, a tiempo completo, y en el que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Quienes se quejaban de que la foto era un fraude tenían mucha razón, aunque el fraude iba mucho más allá del altavoz hasta contaminar la barba, los ojos, las cejas, el careto, la figura entera de Abascal y todo su proyecto político. Le encanta vestirse de verde legionario y posar en plan Rambo rural, pero la cruda realidad es que, como tantos otros patriotas de opereta, no hizo el servicio militar ni por correspondencia y que estuvo solicitando prórrogas hasta llegar a los penaltis. Ha hecho de la cruzada contra el islam su línea maestra ideológica, pero aceptó encantado el millón largo de euros con que financiaron la campaña europea de 2014, dinero sucio procedente de una secta ultra de oposición al régimen iraní con fuertes vínculos terroristas. Critica el desmadre económico de las autonomías pero lleva chupando décadas de la teta autonómica no ya desde Santurce a Bilbao, sino también en la Comunidad de Madrid, donde la inefable Esperanza Aguirre le proporcionó un puesto a medida como director de la Fundación para el Mecenazgo y Patrocinio Social, cuya subvención anual de 183.600 euros dedicaba íntegramente 82.491 a patrocinarle la barba. Se ignora si habrán patrocinado algo más pero, conociendo a Aguirre y sus mariachis -de Granados a González pasando por Abascal- cualquier mamarrundia es posible.

Para redondear el amplio surtido de paparruchas en que consiste su apuesta política, Abascal no ha dejado de rodearse de militares obsoletos, artistas del descabello, negacionistas del Holocausto, víctimas de ETA, deshechos de tienta con gomina y mamarrachos en general. Uno de sus últimos fichajes, Hermann Tertsch, se presenta como candidato a las europeas, con lo que la reivindicación de Gibraltar español, anís del Mono incluido, está hecha sin necesidad siquiera de abrir la boca. Otro fichaje, no menos vistoso, ha sido Víctor Gonzalez Coello de Portugal, un señor famoso por ser hermano de Carmen Lomana y por su actuación en una de las ediciones de "Supervivientes", quien ha amenazado con cerrar La Sexta a la menor ocasión.

No es una amenaza en vano, teniendo en cuenta que Víctor González ya clausuró anteriormente Marmolerías Leonesas, una empresa a la que dejó en la quiebra después de 5 años de gestión. Fue condenado por el Tribunal Supremo a causa de diversas marrullerías e irregularidades contables graves e inhabilitado durante tres años para "representar o administrar a cualquier persona", excepto a cuarenta y tantos millones de españoles. No deja de ser curioso que una de las principales señas de identidad de Vox -que Abascal repite a ritmo de gorilesco tam-tam- es la de distinguirse de la "derechita cobarde" del PP, la cual espera a alcanzar el poder para corromperse hasta las heces, mientras la "derechita valiente" ya va corrompida de fábrica. ¿Quién más capacitado que Víctor González, el responsable económico de Vox, para llevar al país a la ruina técnica, intelectual y moral? No es de extrañar que esta gente reivindique a don Pelayo, porque como lleguen a pillar cacho van a dejar España hecha una caverna para osos.