Punto de Fisión

Albert Rivera, el regenerador

Si algo caracteriza la ajetreada historia de la Comunidad de Madrid y su incomparable clase política son los constantes cambios de chaqueta, una peculiaridad que responde al caprichoso clima de la capital. Por algo hay un refrán que dice que el aire del Guadarrama mata a un hombre y no apaga un candil. Igual que en la Patagonia hay días en los que se suceden las cuatro estaciones una detrás de otra, en Madrid hay políticos que se levantan con el pie izquierdo y se acuestan con el derecho, anochecen diestros y amanecen zurdos, desayunan en Ferraz y almuerzan en Génova.

Todavía se recuerda la sensacional espantada de dos diputados del PSOE, Tamayo y Sáez, en la parodia de asamblea que abortó la investidura de Simancas y que dejó el gobierno de la Comunidad en bandeja, durante las siguientes décadas, a Esperanza Aguirre. Algo tenía que haber sospechado Simancas cuando ambos elementos inestables pertenecían a una corriente socialista denominada Renovadores por la Base, dirigida además por José Luis Balbás. El tamayazo ocultaba tanta basura, tanta corrupción y tantas mentiras dentro que finalmente no se aclaró gran cosa de lo sucedido, a pesar de un proceso penal que se alargó 15 años y que se resolvió con la condena de Alberto Moreno, un ex empleado de Telefónica, por una supuesta filtración de datos.

Comparada con ese rigodón, no se entiende muy bien el revuelo que ha levantado el repentino traspaso de Ángel Garrido, ex presidente de la Comunidad de Madrid, del PP a Ciudadanos. En el mercado de fichajes políticos, las puñaladas por la espalda y las sorpresas de última hora son el pan suyo de cada día, pero tampoco es que haya sido una mutación ideológica espectacular, como la de Tamayo y Sáez, quienes se despertaron aquella lejana mañana de 2003 en mitad de un párrafo de Kafka, transformados en cucarachas. No es que exista mucha distancia entomológica entre el ideario de Ciudadanos y el del PP, y la verdad es que cada vez hay menos, hasta tal punto de que en los últimos meses medio centenar de cargos populares han ido trasbordando bien al partido naranja, bien a Vox, en busca de nuevos prados donde ejercer su vocación de servicio público.

No hay más que echar un vistazo a los líderesde ambos partidos, Casado y Rivera, que no sólo parecen mellizos univitelinos sino que encima comparten el mismo sastre, el mismo peluquero y los mismos ascos. Consciente de estas similitudes, durante los dos debates televisados Albert intentó distinguirse de su competidor por el liderazgo de la derecha con una hiperactividad desbocada que en algunos momentos daba la impresión ante las cámaras de que no había dos gemelos con corbata sino por lo menos tres.

En cuanto a Garrido -cuyo apellido significa también "desenvuelto", "garboso"-, poco importa que hace sólo unos meses motejara a sus flamantes compañeros de partido de "oportunistas", "incoherentes", "melodramáticos", "chupacámaras" y "tontos útiles". Son calificativos que ahora lleva encima, junto a su nueva chaqueta, con orgullo y pundonor, especialmente el último. Como se ve, Rivera no ceja en su proceso de regeneración política ni un instante. Debe de ser que, aparte de un vientre de alquiler, también funciona con un cerebro de alquiler.