Opinión · Punto de Fisión

Vox en modo rosa

Una de las grandes ventajas de los partidos tradicionales frente a las nuevas formaciones que pretenden disputarles su nicho electoral es la existencia de un amplio colchón de votantes que les perdonan prácticamente cualquier cosa, desde la ruptura inmediata de promesas al saqueo continuado de bienes públicos. Gracias a la fe inquebrantable de sus seguidores y a su increíble capacidad para tragar ruedas de molino, el PSOE y el PP han podido sobrevivir a Gürteles, Púnicas, ERES, Filesas, pactos reiterados con etarras y nacionalistas de cualquier pelaje, puertas giratorias, contrarreformas laborales e incluso a monólogos de catalán en la intimidad. Rebasado el simple mecanismo de engranaje político, ambos paquidermos funcionan al estilo de las religiones monoteístas o los grandes equipos de fútbol. He visto más fe y más devoción en las puertas de Ferraz y de Génova que durante la Semana Santa en Sevilla e incluso tengo un amigo que todavía cree que el PSOE es de izquierdas.

Ante ese amor tonto, sordo y ciego, la desconfianza de los votantes que estrenan papeleta tiene la tibieza de un romance de verano, un noviazgo primerizo con carabina, guardaespaldas y torre de vigilancia incorporada. A Podemos, por ejemplo, no le pasan ni una, así sean coca-colas, chalets, disensiones internas o venezuelas. Sin embargo, esta suspicacia preventiva no es exclusiva de la izquierda ya que los votantes de Vox también han resultado bastante tiquismiquis. Este fin de semana la delegación de Baleares compartió un video en que se presentaban como “el partido de la gente, del sentido común, de la España viva”. En el video se ve a una pareja gay, muy felices ambos, muy con gafas, y antes de besarse en la boca uno de ellos dice: “Yo voto a Vox. Y él también, si pudiera”. Por si fuera poco cachondeo, el receptor del beso es de raza negra.

Como el sentido común es el menos común de los sentidos, la avalancha de reacciones al video ha sido terrorífica. Un montón de afiliados preguntaba si el video iba en serio mientras otro montón amenazaba con retirar la afiliación y votar a Falange. Unos pensaban que el video era una broma y otros acusaban a Abascal de ser más progre que Pablo Iglesias. La Asociación Libertas.org, de Murcia, ha expuesto un comunicado de seis puntos donde, entre otras cosas, dice que con el pretexto al respeto por otras opciones sexuales “se impide a los homosexuales que libremente opten por dejar esa orientación estilo de vida que les hace sufrir”. Puesto que la gramática tampoco es el fuerte de esta gente, no se sabe muy bien qué les están impidiendo exactamente a esos homosexuales que libremente opten por volver al armario. De las gafas, de momento, no han dicho nada.

Como ocurre con tantas cosas en Vox, es difícil distinguir qué comentarios van en broma y cuáles van en serio. Por ejemplo, uno decía que no le gustaba porque se trata de asumir lo políticamente correcto; otro, que España ya no tenía solución; otro, que se habían convertido definitivamente en la ultraderechita cobarde; otro, que no pensaba votarles más porque creía que Vox estaba a favor del exterminio de negros y maricones. Con una denuncia admitida a trámite contra Javier Ortega Smith por islamofobia y en plena retirada de candidatos con un pasado nazi a sus espaldas (el último de ellos, Jorge Bonito Vera, renunció después de saberse que había pertenecido a la Hermandad Aria), parece que Vox ha inaugurado en Baleares su propia versión del tobogán de Estepona. Y eso que ya tenían preparada una foto de Morante de la Puebla tocado de rosa y con una mantilla en la cabeza.