Opinion · Punto de Fisión

Ramón Espinar, la chispa de la vida

Hace cuatro meses, a finales de enero, Ramón Espinar anunció que abandonaba la política, dejando atrás el liderazgo de Podemos Madrid, el senado y su acta de diputado regional. Sin embargo, como a muchos otros, la política lo había abandonado a él mucho antes, de manera que no hizo falta pasar a mayores. Ayer pedía una refundación del partido desde las bases, una nueva edición del congreso de Vistalegre y una tapa de calamares. Resultaba todo un síntoma que el lunes, a media tarde, las dos principales tendencias en twitter fuesen la carta abierta de Ramón Espinar y el nuevo disco de Leticia Sabater. En el video salía Leticia Sabater cubierta de pétalos de rosa, como la rubia adolescente de American Beauty, y de fondo se oía a Ramón Espinar haciendo pesas en el sótano, como Kevin Spacey.

En su tribuna, entre otras muchas cosas, Espinar decía que hay que «aprender del fracaso», un tema en el que él, Errejón, Bescansa, Kichi y muchos otros actores secundarios de Podemos son verdaderos expertos. Hace poco más de dos años que el II Congreso de Vistalegre encumbró a Pablo Iglesias con el 89% de los votos y el 60% de la dirección. No obstante, la peculiar estructura podemita, copiada de moluscos e invertebrados en general, obliga a ir haciendo la película sin protagonistas, sin guión, sin productor y sin nadie a los mandos, pero con cámaras filmando desde todos los ángulos y muchos efectos especiales. Gracias a esta novedosa técnica hemos asistido a espectaculares golpes de timón como la carta-bomba de Bescansa, las vistosas puñaladas por la espalda de Errejón o este contraproducente mutis por el forro de Ramón Espinar, el mismo tipo que pedía la retirada de la Coca-cola en el Congreso al tiempo que pedía otra Coca-cola.

El momento no ha podido ser más oportuno. Con el partido torpedeado tras las últimas elecciones generales y las negociaciones para formar gobierno con el PSOE encima de la mesa, Espinar ha logrado otro magnífico anuncio de Coca-cola, la chispa de la vida, esta vez con una antorcha encendida para pegar fuego a lo poco que aún queda en pie. Porque, efectivamente, el hombre cree a pie juntillas que Unidas Podemos es un ave fénix que renacerá de sus cenizas, concretamente de una asamblea lo bastante perspicaz como para elegirlos a él, a Errejón y a los demás deshechos de tienta en lugar de a Pablo Iglesias y a Irene Montero. Quienes no sólo se han ido a vivir a una dacha, como Stalin, sino que planean metamorfosear el partido en una familia siciliana con ramificaciones genéticas.

Para ello, nada mejor que regresar al alumbramiento del partido, empezar de cero y desplegar de nuevo las tiendas de campaña en la Puerta del Sol, aquel big-bang de asambleas callejeras en la que las distintas facciones discutían incansablemente sobre si debían de montar un comité previo a mano alzada o levantar un acta constituyente del comité previo. A estas alturas la pregunta no es cómo Podemos ha perdido tantos diputados en tan poco tiempo sino cómo pudo caminar alguna vez con semejantes ruedas de molino en los zapatos. Aunque, probablemente, lo hemos entendido mal. Espinar lo que quería es dar al mundo entero un mensaje de paz. Coca-cola.