Opinión · Punto de Fisión

Resacón de derechas

Las reuniones secretas entre Ciudadanos, Vox y el PP cada vez se parecen más a las juergas que se corren los amigotes de Resacón en Las Vegas. La película sigue aproximadamente este derrotero: unos tíos que quedan una noche para una despedida de soltero y que se despiertan a la mañana siguiente como después de un terremoto: uno de ellos desaparecido, otro con un diente menos, un tigre en el cuarto de baño, un bebé en un armario y una gallina picoteando por el suelo. Después aparecen un chino medio desnudo, varios gángsters en moto y Mike Tyson, más o menos por ese orden, y los tres colegas tienen que ir descubriendo qué ha ocurrido, qué berenjenales han liado y qué cojones hicieron aquella noche loca.

Lo que ha ocurrido, básicamente, es que Alan, el amigo con problemas mentales (Vox), les metió en las cervezas sin que ellos miraran unas pastillas de Rophynol, la droga de las violaciones, con lo cual resulta lógico que al despertar no recuerden las burradas cometidas con nocturnidad y alevosía. El amigo más molón es Phil (PP), quien suele llevar la voz cantante, mientras que a Stu (Ciudadanos) -en principio el más modosito de los tres, el más centrado y también el más reacio a liarla parda- el Rophynol le desata un lado salvaje que nadie había sospechado. Ciudadanos acabó en Andalucía igual que Stu, sin un diente, y en Madrid va camino de repetir la aventura de Resacón en Tailandia, cuando se hizo un tatuaje en la cara y se enamoró de un travesti que le dio por culo con mucho amor, mucho cariño y mucho cuidado. Uno de estos días Stu se va a despertar con el ano torcido y una esvástica en el pómulo, qué cosas.

Manuel Valls hace el papel del futuro suegro de Stu, que asegura desconocer ese lado montaraz de su yerno y se escandaliza al enterarse de los pifostios que monta. “¿Normalidad democrática o normalización de la extrema derecha?” se pregunta Valls al descubrir que a Stu el ataque de locura le pilló en un burdel de Bangkok, flipado hasta el flequillo y con fotos compremetedoras de por medio. Valls lo tenía que haber visto venir cuando Stu se llevó el tigre andaluz de Mike Tyson como si fuese un perrito y el día de la boda dijo que él no, que él era de centro de toda la vida.

De momento la película se encuentra en ese momento en que Ignacio Aguado (Ciudadanos) reconoce que sí, que se reunió en privado con Rocío Monasterio (Vox), pero que no hablaron de negociaciones ni de pactos ni de nada de eso. Hablaron del tiempo. Aguado dice que no tienen ni idea de lo que va a hacer Vox, pero hasta el más tonto sabe que el papel de Alan se limita a disolver las pastillas de Rophynol en la bebida y a vivir, que son dos días. Con lo cerca que queda Europa y lo lejos que parecía Tailandia. Verás cuando salgan las fotos.