Opinion · Punto de Fisión

El sueño del Madrid olímpico

El alcalde del PP es el único munícipe que tropieza quince veces en el mismo sueño. Poco importa que el sueño sea ya más bien una pesadilla rancia que se repite y se repite, un regüeldo onírico que nos retrotrae a titulares de otra época. La única duda es si se trata de una mierda de sueño o de un sueño de mierda. Se entiende que, ahora que Carmena ha dejado las cuentas saneadas y la deuda histórica reducida al mínimo, haya que ponerse a pagar otra vez los caprichos de los filántropos, las adjudicaciones a dedo, los proyectos millonarios, las recalificaciones de terrenos. Ya van más de ocho mil millones que se han ido por el agujero de la pesadilla olímpica capitalina y más de dos mil euros que cada madrileño ha tenido que poner de su bolsillo. Pero el dinero, al contrario que la energía, ni se crea ni se destruye ni se transforma: en Madrid sólo cambia de bolsillos. Generalmente, los mismos bolsillos de siempre.

Parece mentira, parece el Día de la Marmota o un puto chiste negro, pero en el primer día de curro con la vara de alcalde, a Martínez Almeida no se le ha ocurrido otra cosa que tomarle el pulso al sueño del Madrid Olímpico. No bastaban con los diez mil metros vallas de Gallardón, que convirtió la ciudad entera en una operación quirúrgica; no hubo bastante con el incendio del Madrid Arena, que demostró la sobrada capacidad del PP para gestionar una tragedia y que dejó a Ana Botella tan conmocionada que apenas si pudo relajarse en el spa portugués donde fue puntualmente ignorando el aumento del número de cadáveres. No tuvimos suficiente bochorno con el «relaxing cup of café con leche» donde la alcaldesa en funciones de tentetieso bordó un ridículo mundial al dar una clase de inglés con perfecto acento vallisoletano que costó alrededor de doscientos mil euros.

No, claro, necesitábamos a Almeida, el hombre menos olímpico que cabe imaginarse, para rescatar la maquinaria del despilfarro y poner en marcha otra vez las tragaperras. Si al menos hubiera propuesto a Madrid como sede de las Paralímpiadas, la apuesta tal vez podría estar a la par. Hasta Díaz Ayuso ha aplaudido entusiasmada, asegurando que la enésima propuesta olímpica hará «soñar a España entera», con lo cual ya no está muy claro si está mujer llevaba la cuenta de twitter del perro de Esperanza Aguirre o si es el perro de Esperanza Aguirre el que ha tomado el mando y ahora lleva la cuenta de twitter de Díaz Ayuso. Todo podría ser en un partido eminentemente surrealista que ha hecho de la célebre frase de Kennedy su lema de vida, sólo que puesta bocabajo: «No preguntes lo que puedes hacer por tu país, pregunta lo que tu país puede hacer por ti».

Hemos perdido la cuenta de cuántas veces ha presentado Madrid la candidatura olímpica, puede que sea la cuarta, la quinta o la sexta, pero para esta gente el desánimo no existe, puesto que siempre lo pagan los pobres. Para ellos, un no nunca es no, sino una nueva oportunidad de forrarse a costa del erario público. Hablando del perro de Esperanza Aguirre, el ansia de arruinar la ciudad a base de excavadoras, patrocinios y delirios arquitectónicos recuerda el empeño de esos perros que se ponen a perseguir a un coche a ladridos carretera adelante, hasta que les llega la lengua al suelo. ¿Qué harían si lo alcanzaran? Poner a Carromero al volante.