Opinion · Punto de Fisión

Bertín en trío con Felipe y Vargas Llosa

Bertín Osborne prosigue imparable su carrera hacia la estratosfera periodística. El próximo lunes 24 de junio será el moderador de una mesa en el XII Foro Atlántico sobre el futuro de Iberoamérica que cuenta con la presencia de Mario Vargas Llosa y Felipe González. No nos imaginamos cómo ha debido de ser el proceso de selección pero está claro que Casa de América, la anfitriona del acto, ha debido barajar un largo currículum de presentadores hasta llegar por eliminación a Bertín Osborne.

Ninguno más campechano. Ninguno con más gracia a la hora de ofrecer una copa de vino y una tapa de jamón. Ninguno, además, puede presumir de una carrera más llena de altibajos, que va desde el dúo cómico con Arévalo hasta el día en que invitó a su casa a José María Aznar. De hecho, más de un espectador se pensó -probablemente por culpa del ex bigote presidencial- que Bertín había vuelto a hacer las paces con Arévalo, pero bastaba oírles hablar un poco y se disipaban las dudas: el que bordaba los chistes de gangosos era Aznar. Mire usté.

Hay una enorme expectación ante la posibilidad de que este lunes regresen aquellos tiempos en que el terrateniente más macho al oeste de Chernobyl le daba el turno al gran Chiquito de la Calzada. Será difícil que esta nueva edición del Trío de las Azores no lo consiga, a poco que se lo propongan y aun sin proponérselo. Pero la verdad es que Bertín anda un poco de caspa caída desde que se cerró hace poco su restaurante de corte andaluz en Zaragoza debido a las malas críticas. Seguramente los clientes esperaban que el propio Bertín les recibiera al estilo de su programa, pegando palmadas brutales en la espalda y soltando exabruptos no menos brutales, como cuando Alejandro Sanz le confesó que era vegano y él le preguntó si estaba bien de la cabeza. O como lo que dijo aquel día que fue a un plató de Telecinco, que había entrado «con el culo contra la pared y el zócalo es que lo dejé limpio, limipio». Tiene una gracia que no se puede aguantar.

En cuanto a Vargas Llosa, es difícil imaginar cómo se puede caer más alto. Del Premio Nobel de Literatura a las portadas del ¡Hola!, de alabar a Fidel Castro a ejercer de escudero de Esperanza Aguirre, de las buhardillas de París al escándalo de los Papeles de Panamá: las mudanzas ideológicas del escritor peruano dejan en nada la metamorfosis de Gregor Samsa en escarabajo pelotero. No es el único que ha pasado de un tirón de la izquierda a la derecha, ya que a su lado estará Felipe González, un hombre que se ha escorado tanto desde el socialismo de sus comienzos que ahora ya tiene cara de japonés. En cambio, de quien no se puede decir que se haya movido un milímetro de sus principios es de Bertín Osborne, que ahí sigue, entre toros y paellas, plantado por los siglos de los siglos en su rol de señorito andaluz. Qué tío.