Opinion · Punto de Fisión

Vox por costumbre

«De una puta sólo se pueden esperar putadas» escribió Juan José Liarte, portavoz de Vox en la Asamblea Regional de Murcia, en referencia a a la ministra de Justicia en funciones, Dolores Delgado. Ante la oleada de indignación, y contra lo que sostiene el muy hispánico refrán de «sostenella y no enmendalla», Liarte dio marcha atrás y se escudó en la falta de comprensión lectora de sus críticos, ya que su calificativo, según él, no iba dirigido a la ministra sino a un señor de Bildu que pasaba por allí. Es posible que la confusión semántica generalizada se produjera porque, justo una frase antes, Liarte había escrito: «La tiparraca esta es una embustera, y sus socios proetarras así lo proclaman». Suena raro cambiar de sujeto sintáctico de una frase a otra, pero quién sabe, a lo mejor Liarte también estaba llamando «tiparraca» y «embustera» a ese señor de Bildu que no para de meterse donde no le llaman.

Aparte del sistema público de pensiones, el Día del Orgullo Gay, la ley contra la violencia de género y el estado autonómico, probablemente Vox también se propone desmantelar las leyes gramaticales del castellano. También muchos desconfiados entendieron mal a Ortega Smith cuando dijo aquello de «qué daño hace una cruz que lleva años y años recordando hechos tristes, sí, personas que fueron fusiladas en una guerra, pero sin odio, con amor». Hay un montón de gente soprendida por las salidas de tono, los dislates y las salvajadas de una formación política neomedieval, pero la verdadera sorpresa sería que los líderes de Vox hablasen de otra manera, que fuesen educados y respetuosos, que la boca no les rebosara de mierda cada vez que la ponen en marcha.

Es verdad que Liarte no escribió «puta» sino «p***», otra reculada genial que en última instancia le permitirá esgrimir que él hablaba de patos. La forma es el fondo y viceversa, y nadie mejor para demostrarlo que el ex juez de la alforja, Francisco Serrano, jefazo de Vox en Andalucía, quien contestó la sentencia impuesta por el Tribunal Supremo a La Manada con una andanada de barbaridades machistas dignas de una barra de burdel. De hecho, una de sus perlas decía directamente: «Nos encontramos ante la paradoja progre, ante la cual la relación más segura entre un hombre y una mujer será únicamente a través de la prostitución. Gratis te puede salir más caro». La reacción ante los exabruptos verbales de Serrano fue tan fuerte que hasta Vox se apresuró a desligarse de ellos, asegurando que se limitaban a una opinión personal, fuera de la línea oficial del partido, y que ellos acataban el fallo del Tribunal Suprema con el máximo respeto.

No hay que alarmarse porque, al fin y al cabo, todo es cuestión de costumbre. Nos hemos acostumbrado a que el PP robe a manos llenas, mienta a diario y monte una policía política para espiar a sus rivales. Nos hemos acostumbrado a que Albert Rivera y los chicos de Ciudadanos digan una cosa y luego hagan exactamente la contraria, que afirmen que venían a regenerar la política española y que la regeneración consista en pactar con los restos putrefactos del franquismo más rancio. Por esa misma regla de tres nos acostumbraremos a la burricie, los tacos, los insultos, el machismo descarado, las bestialidades sin cuento y la idiotez. Va ser divertidísimo, ya verán.