Opinion · Punto de Fisión

El chicle Ciudadanos

Cuando le preguntaron cómo había cambiado tanto desde los tiempos en que apoyaba al Partido Demócrata, Charlton Heston respondió que quien había cambiado no era él sino el Partido Demócrata. La cuestión quizá fuera pertinente para Heston (que pasó de encabezar marchas a favor de los derechos civiles junto a Martin Luther King a organizar concursos de puntería para los amigos de la Asociación del Rifle), pero no tanto para Toni Roldán, quien ha repetido casi al milímetro la disculpa del actor: se va de Ciudadanos no porque él haya cambiado, sino porque Ciudadanos ha cambiado.

No es verdad, al menos en lo que respecta a los hechos. Es verdad que Albert Rivera ha hablado mucho de regeneración, de feminismo y de cosas así, pero desde el momento en que los antropoides de Vox surgieron en el horizonte político no ha parado de asociarse con la ultraderecha y de montar barbacoas de paletos. Lo hizo en Andalucía, al lado de un ex juez apartado de la profesión por razones de higiene, y lo hizo en Madrid, apoyando un cambio político que consistía en volver a traer al sillón a los responsables del latrocinio y descalabro de la capital durante más de dos décadas. Si Roldán no entendió que Ciudadanos es el Delorean de Regreso al futuro, con Díaz Ayuso en el papel de Doc y Martínez Almeida en el de Marty McFly, es que el hombre todavía no ha entendido nada.

Tampoco es que sea fácil de entender, puesto que la esencia misma de Ciudadanos -un partido hecho a imagen y semejanza de Rivera- es la mudanza, el cambio, la metamorfosis. Todas las demás formaciones políticas, desde los animalistas de Pacma hasta los animalitos de ustedes saben quién, tienen un centro, una credencial, unos principios, una ideología, pero la ideología de Ciudadanos es la que más sople según les interesa, sus principios ninguno, su credencial una veleta y el centro queda pegado a la pared. Nadie mejor que Rivera ha llevado más lejos el sabio consejo de Bruce Lee (be water, my friend), hasta el punto de que el agua en la que va nadando, charco tras charco, no sólo no es potable ni comestible sino que es agua de borrajas.

Iñigo Errejón es uno de los pocos que ha felicitado a Roldán por su dimisión, un gesto lógico puesto que Roldán se marcha por el giro hacia la derecha de Ciudadanos mientras que Errejón prefirió girar él solo al tiempo que Podemos permanecía quieto. No ha sido el único: aunque siete meses tarde, se ha plantado también Javier Nart, harto de mascar ese chicle cuyo sabor fulgurante duró apenas cinco minutos y que ya no sabe a nada en la boca. Mejor dicho: sabe a demasiadas cosas y ninguna buena. Es lo mismo que le ha ocurrido a Valls y a Macron, patrocinadores del chicle Ciudadanos en Europa, que lo han tirado al suelo asqueados al encontrarse trocitos de fascismo en las encías. De cualquier forma, ya estaban advertidos, porque el chicle Ciudadanos se estira infinitamente hacia la derecha, pero romperse, no se rompe.