Opinion · Punto de Fisión

Vox se echa al monte

Ni un mes le ha durado a Vox su sueño de formar parte de gobiernos de coalición en los ayuntamientos donde su apoyo ha permitido desalojar a la izquierda (llamésmola así) del poder. Tampoco se entiende muy bien el rechazo visceral del PP a que la ultraderecha toque pelo legislativo, cuando la mitad de esa ultraderecha hace nada que pertenecía al PP y la otra mitad también. Hay que agradecer, al menos, que hayan roto en paz, al estilo de ciertos matrimonios bien avenidos en lugar de al estilo de dos bandas de gángsters peleando por las líneas de demarcación territorial. Se entiende ahora mejor que Santiago Abascal pidiera la libertad de portar armas de fuego, como aquella vez que Juan Benet decía que quería viajar a Estados Unidos sólo para comprar un revólver en la primera tienda que encontrase. «¿Y para qué quieres tú un revólver, Juan?» le preguntó un amigo. «¿Yo? Por si me caso».

Abascal lo mismo: se casa, se divorcia y no tiene una triste pistola que echarse a las manos, de manera que no le ha quedado otro remedio que echarse al monte, a la oposición. Lo cierto es que se les da mejor pelear a la contra, vistas las dificultades de sus líderes a la hora de expresarse más allá de lemas, consignas, fuera maricones y son todas unas putas. El propio Abascal no supo qué decir el día que a un periodista despistado se le ocurrió preguntar varias cuestiones relativas al programa de Vox. «No tengo mucho conocimiento sobre ello», «no he reflexionado hasta ahora que me lo preguntan», «mejor se lo preguntan a Rocío Monasterio» y «viva España» fueron las respuestas del macho alfalfa de la ultraderecha. Como si no fuese bastante haber escrito el programa, pretendían que encima se lo leyera.

Más engorrosa si cabe fue la encerrona que le hicieron a Jesús García Conde, único representante de Vox en las Cortes de Castilla y León, cuando otra periodista sin escrúpulos le interrogó acerca de las medidas que iba a tomar en el ámbito autonómico para combatir la ideología de género. No hay derecho, joder. El hombre pareció sufrir un cortocircuito cerebral, y menos mal que estaba a su lado Ortega Smith, cual moai de la isla de Pascua, dispuesto a ejercer de ventrílocuo. Durante la campaña, García Conde solía llevar un megáfono para lanzar sus proclamas pero esta vez, ante las cámaras, prefirió utilizar a Ortega Smith.

Hace muy bien Vox en dejarse de tonterías y echarse al monte, ese lugar que le ha dado tantas satisfacciones, desde Covadonga a Gibraltar. Lo han hecho, además, mostrando las vergüenzas del pacto secreto que habían firmado a medias con el PP, cuyo punto número 3 establecía que las partes mantendrían discreción sobre el tortuoso asunto de su matrimonio de conveniencia. Ha sido, también, un destape oportuno, porque ha emborronado un poco la sentencia por la que la Audiencia Provincial de Madrid condena a Iván Espinosa de los Monteros a pagar la deuda por las obras de su mansión de 545 metros cuadrados, 63.183 euros de vellón. Dice que es el precio por estar en política, pero de política ni sabe ni contesta.