Opinion · Punto de Fisión

Inés arrimada al sol que más calienta

A Carlos Pérez, senador de Ciudadanos, le pegó el otro día un subidón de adrenalina y comparó a Inés Arrimadas con Rosa Parks. Muchos pensaron que se refería a que ambas tienen piernas, culo y columna vertebral, pero en su mensaje Pérez aclaraba que, al igual que Rosa Parks, desafiando una ley injusta, se sentó en un asiento reservado para blancos en 1955, Inés Arrimadas, desafiando el calor tórrido de julio, se sumó a la marcha del Orgullo Gay en Madrid. «En 1955 Rosa Parks se negó a cederle el asiento a un blanco» escribe Pérez. «En 2019 Ciudadanos nos negamos a cederles el Orgullo a los totalitarios».

Habrá que tomar a Pérez por un poeta de la vieja escuela, o al menos por un ingeniero en figuras retóricas, ya que es difícil incluir más antítesis, paradojas y antífrasis que las contenidas en estos dos escuetos versículos. Inés Arrimadas con la cara pintada de betún, como Al Jolson en El cantor de jazz. Los miles y miles de homosexuales que llevan décadas luchando por sus derechos -y a quienes les asquea ver a una banda de oportunistas y provocadores subidos a su carroza- transformados en totalitarios a golpe de tecla. Ciudadanos, un partido que ha firmado pactos con una formación repleta de homófobos y retrógrados, orgulloso propietario del Orgullo Gay.

Lo más ridículo de todo es que, varios de quienes portaban en primer plano la bandera arcoiris con la sola intención de montar un pollo, jamás en su vida han participado en el desfile del Orgullo. No por homofobia, ni mucho menos, sino porque son gente que no soporta la algarabía, los decibelios y la alegría obligatoria. Yo mismo, por ejemplo, procuro alejarme lo más posible de ese tipo de saraos: hay tantas posibilidades de encontrarme subido a una carroza del Orgullo Gay como de que vaya un día a correr los Sanfermines o a bailar en una discoteca de Ibiza. Me parece sumamente sospechoso apuntarse a una fiesta que ni te va ni te viene para defender los derechos de un colectivo minoritario cuando en realidad lo que estás haciendo es barrer para adentro.

Por lo demás, la supuesta violencia cometida contra Inés Arrimadas y los mártires de Ciudadanos en plena calle ha sido ampliamente rebatida por un informe policial en donde queda meridianamente claro que no hubo agresión física de ningún tipo (todo lo más insultos, el lanzamiento de una botella de plástico vacía y chorros de agua) y que los dirigentes de Ciudadanos no obedecieron en ningún momento las instrucciones proporcionadas por las fuerzas de seguridad. Probablemente, también la policía madrileña sea fascista o ETA o esté financiada por Irán o por Venezuela, o todo eso la vez. Cualquier día Felisuco va a aclararnos el asunto en uno de sus monólogos.

La metamorfosis de Inés Arrimadas en la Virgen de la Moreneta tuvo lugar debido a una aleación de altas temperaturas, confusiones semánticas y mucha jeta. Es una negra del método: del método de dar la brasa. No es la primera vez ni será la última que los líderes de Ciudadanos se amparan detrás de la careta de una etnia oprimida, como aquel día glorioso en que Albert Rivera hizo un encendido elogio de Nelson Mandela olvidando que Mandela, en su día, fue acusado de comunista y de terrorista. El día en que se entere de que también era negro, la que se va a liar.