Opinion · Punto de Fisión

Cuando los bancos dominan la tierra

Puede que sea el calor, puede que sea la lluvia, que no cae en serio desde hace varios meses, pero la verdad es que en Madrid están pasando cosas muy raras. Quizá no tan raras cuando uno piensa que, al fin y al cabo, esto es Madrid y que estos últimos días tampoco hace tanto calor. Sin embargo, la aprobación de la totalidad de las fuerzas políticas de la capital para sacar adelante Madrid Nuevo Norte, uno de los mayores proyectos urbanísticos de Europa, tiene toda la pinta de una de esas conjunciones astrales en que los planetas se alinean según profetizaba Nostradamus, de izquierda a derecha, Más Madrid, PSOE, Ciudadanos, PP y Vox.

El germen de este mastodóntico Shangri-La urbanístico se remonta a 1993, cuando Renfe sacó a concurso un plan para construir viviendas sobre las vías de Chamartín. Desde entonces, el proyecto se fue ampliando y creciendo hasta pasar de los 610.000 metros cuadrados iniciales a los 2,65 millones de metros cuadrados de la actualidad. El flamante alcalde y sus palmeros se han apuntado el tanto, aunque en realidad fueron Carmena y Más Madrid los que sacaron adelante el último borrador, blanqueando de paso la denominación del ensueño faraónico, que ahora se llama «Madrid Nuevo Norte», poética metáfora que carece de la resonancia barriobajera de «Operación Chamartín».

En efecto, «Operación Chamartín» sonaba demasiado a pelotazo urbanístico, a fichaje estrella de Florentino Pérez, quien ya se forró los bolsillos en diciembre del año pasado a vender unos terrenos cedidos por Carmena un año atrás en el distrito de Tetuán, y valorados alrededor de los 90 millones de euros, por más de 130 millones. Es cierto que el proyecto va a proporcionar un montón de viviendas de protección oficial y miles de puestos de trabajo, por no hablar de las oportunidades de negocios, pero no hay que ser un lince para descubrir quién va a hacer el negocio más gordo. Antes de que concluyera el plazo de información pública, el pasado diciembre, diversos colectivos ciudadanos y asociaciones ecologistas interpusieron más de 3.500 alegaciones que señalaban la catarata de infracciones e irregularidades que acarrea este proyecto demencial, pero tampoco es que les hayan hecho mucho caso. En su momento, el gobierno de Aznar ignoró un informe jurídico de Renfe que advertía de los graves incumplimientos del BBVA y de la constructora San José, dos de los principales promotores de la «Operación Chamartín».

Porque otra de las casualidades raras que envuelven el éxito de «Madrid Nuevo Norte» es que haya sido aprobado el mismo día en que el BBVA ha sido imputado en el caso Villarejo por los delitos de cohecho, revelación de secretos y corrupción en los negocios. Uno de los pocos políticos que se ha opuesto frontalmente al disparate ha sido Carlos Sánchez Mato, de IU, concejal del Ayuntamiento desde 2015, quien ha dicho textualmente: «Es un colosal negocio privado hecho con dinero público». Vamos, lo de siempre pero a lo bestia. No deja de ser curioso que el festín neoliberal haya tenido lugar cuando todavía colea en las pantallas el documental de HBO, El pionero, dedicado a la figura de Jesús Gil, insigne precursor de estos jolgorios de cemento.