Opinion · Punto de Fisión

Casado hace balconing

Tal vez tomando impulso después del fenomenal hostiazo sufrido en las elecciones, Pablo Casado ha dado unos cuantos pasos atrás y ha reforzado el partido con una escuadra de perdedores de primera clase, de los que una vez fogueados en la derrota ya sólo saben ir cuesta abajo. Es una maniobra hasta cierto punto lógica, teniendo en cuenta que el líder del PP se sacó la carrera de Derecho a base de estudiar cada vez menos, más un máster en la Universidad Rey Juan Carlos sin necesidad de acudir a clase. La sonrisa inalterable que esgrime Casado en estas horas bajas recuerda la de Evel Knievel, aquel excéntrico motociclista de acrobacias que, con una pierna rota y varios huesos fracturados, prometía al público que la próxima vez iba a saltar sobre treinta y nueve coches, después de haberse estrellado tratando de saltar treinta y cuatro.

Casado, en lugar de moto, tiene a Maroto, otro gran defensor de la cultura del esfuerzo, ya que el hombre hizo el esfuerzo de borrar de su currículum otro máster del que tampoco existe el menor rastro. Para recompensar el gran éxito conseguido en el País Vasco, donde el PP desapareció del mapa político, han nombrado a Maroto portavoz en el Senado después de trasplantarlo de Vitoria a un pequeño pueblo de Segovia, Sotosalbos. Los senadores del PP no necesitan apenas agua y aun menos cuidados, por eso pueden florecer en los rincones más insospechados, a base de esforzarse mucho. Ahí queda para la historia otra de las heroicas tentativas de Maroto, cuando trató de que su formación apoyara la gestación subrogada: tampoco lo consiguió, pero al menos logró que lo adoptaran.

No menos sonada fue la apabullante campaña que dirigió Cayetana Álvarez de Toledo en Cataluña, entre pollos monumentales en la universidad, abucheos de los estudiantes y saludos fascistas, donde culminó la hazaña de dividir los seis diputados electos del PP por uno: ella misma con el brazo derecho bien alto. Una vez más, como premio al esfuerzo, ha sido designada portavoz en el Congreso, un puesto donde brindará sin la menor duda tardes de gloria.

Por algo Casado la considera la «Messi» del PP, no tanto por su acento porteño ni por el recuerdo de sus éxitos al frente del Barca como por el desempeño del delantero en la selección argentina: cero pelotero. En los sectores más moderados del partido consideran que a Cayetana la pierden las formas, aunque los contenidos tampoco están mal: patrona de la fundación FAES, confesó en un artículo que llegó a votar a Ciudadanos ante la tibieza de Mariano Rajoy en el conflicto catalán, poco tiempo después de hacerse célebre por lanzar su sentida alocución en las redes sociales al descubrir su hijo que el traje de Gaspar no era de verdad en la Cabalgata de los Reyes Magos. Normal que con esta gente, Casado vaya diciendo por ahí que el PP es «la España de los balcones»: están a punto de dar un gran paso adelante desde una terraza de Génova.