Opinion · Punto de Fisión

El club de los Almeidas lentos

Creo que fue Bukowski quien dijo eso de que todos nacemos genios y nos morimos tontos, aunque algunos afortunados alcanzan el nirvana de la idiotez mucho antes, sin necesidad de pasar por la universidad ni de comprar un máster en Aravaca. Discutir con un niño es un deporte de riesgo, no digamos ya entrar en aula y ponerse al alcance del sentido común y el razonamiento de un montón de pequeños. Un profesor de filosofía me contó hace ya mucho tiempo el chasco que se llevó un sacerdote que intentaba inculcar a un crío la idea de Dios a base de preguntas aparentemente impepinables:

-¿Quién ha hecho esta mesa?

-El carpintero.

-Y la comida, ¿quién la ha hecho?

-Mamá.

-Y el mundo, ¿quién ha hecho el mundo, eh?

El crío se quedó callado un instante antes de darle al pobre hombre la respuesta que arruinaba el principio de causalidad y toda su base teológica:

-¡Eso no se hace!

Al alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, se le ocurrió acudir este domingo al programa de Telemadrid, Vuelta al cole, y la impresión que dio ante las cámaras es que cualquiera de los niños sentados en sus pupitres podía desempeñar las labores de munícipe en la capital española con más eficacia y soltura que él. Hubo momentos en que Almeida estuvo a punto de repetir la escena de Groucho Marx en el papel de Rufus T. Firefly, presidente de Freedonia, cuando ante una reunión con sus ministros, mira un documento y dice: «Esto lo entendería hasta un niño de cinco años». Y luego, ya en voz baja: «Rápido, que llamen a un niño de cinco años, a mí me parece chino».

Tal vez Almeida intentaba compensar psicológicamente los escalofriantes encuentros con Ortega Smith, el lugarteniente de Vox, que le apretaba el brazo y le cortaba la circulación durante una semana. Justo es reconocer que sus comienzos como alcalde fueron tiempos duros, evocando las peleas infantiles en el recreo: por la izquierda tenía a Carmena cortándole el tráfico en Madrid Central y por la derecha a Ortega Smith dejándole los dedos dormidos y las venas burbujeando Coca-cola. Por eso se hizo un pequeño lío con los chavales a la hora de explicarles la diferencia entre la izquierda y la derecha; se veía que no había repasado a fondo las lecciones de Coco en Barrio Sésamo.

En su recreación de Alcalde de guardería hubo una vez en que Almeida estuvo a punto de sufrir un colapso mental, el momento en que una de las niñas le pregunta si donaría dinero para reconstruir la catedral de Notre Dame o para repoblar el Amazonas. Sin cortarse un pelo, Almeida dijo que prefería reconstruir Notre Dame y cuando los niños le explicaron que el Amazonas es el pulmón del mundo, el alcalde en funciones de profesor Keating contestó que Notre Dame es un símbolo de Europa y que nosotros vivimos en Europa. Menos mal que los chavales fueron compasivos y a ninguno se le ocurrió mencionar que Europa también está en el mundo. En fin, todavía tuvo suerte de no tener que explicarles cómo va a conseguir reducir la contaminación en Madrid Central a base de meter más coches dentro.