Opinion · Punto de Fisión

Vox como el Joker

La caída del guindo es un clásico de las conversiones ideológicas desde que a Pablo de Tarso, allá por el año cuarenta y tantos de nuestra era, lo deslumbró una luz cegadora camino de Damasco, derrumbándolo de lo alto del caballo. La morrada, seguramente, fue espectacular, tanto como para que el pobre hombre empezara a oír voces y cambiara de arriba abajo su opinión sobre los cristianos. Malena Contestí, ex diputada de Vox por Baleares, ha sufrido un batacazo similar al darse cuenta, así, de pronto, que el partido político al que representaba ni siquiera es un partido sino una banda de hooligans y demagogos empeñada en criminalizar a los inmigrantes, denigrar a las mujeres y encerrar a los homosexuales otra vez dentro del armario.

En su misiva de apostasía, escrita con varios años de retraso, Contestí denuncia también el cobro de sueldos irregulares por parte de Actúa, los socios de Abascal en Baleares, así como otros múltiples escándalos que no han sido investigados ni se van a investigar, que con la bazofia del chalet de Espinosa de los Monteros la justicia ya tiene bastante. Ni corto ni perezoso, el propio patriarca de Vox ha publicado en su cuenta de twitter un video, fechado la semana pasada, en la que Malena Contestí se despedía dando las gracias por su trabajo en la formación y diciendo que había sido un honor representarlos. Es difícil explicar cómo es que esta mujer acaba de comprender, de golpe y porrazo, que un partido de extrema derecha que lleva desde que se inventó propagando el racismo, el machismo y la homofobia se dedica, efectivamente, a propagar desde sus siglas de extrema derecha el racismo, el machismo y la homofobia. A lo mejor se pensaba, igual que muchos otros pánfilos, que Vox era un club de lectura de diccionarios. ¿Te das cuen?

También es muy posible que Constestí creyera que Vox es un partido político de ficción, un elenco de comediantes que iba por ahí contando chistes de negros, judíos y mariquitas con un megáfono y a los que se les ha ido un poco la mano. El penúltimo chiste lo ha contado el portavoz de Vox en El Ejido, Juan José Bonillla, al acordarse de un pareado que decía su abuela: «Tiempo de rojos, hambre y piojos». No hay más que ver lo calvo y gordo que está, casi tanto como el coordinador de Vox en Algeciras, Antonio Gallardo, un tipo con campo gravitatorio propio, quien advertía a voces que los inmigrantes nos quitan el pan, y al que tampoco nadie pilló la broma.

En su dura trayectoria de chiringuito en chiringuito y de Gibraltar a Vistalegre, Abascal vaticinaba la metamorfosis del Joker, el bufón aficionado al que nadie le ríe las gracias hasta que un día decide sacar la pistola para que lo tomen en serio. Es lógico que ahora Warner, la productora de la película, haya tenido que publicar un comunicado explicando que Joker no es más que una película y que su protagonista, Joaquin Phoenix, es sólo un actor. Sin embargo, hay una frase en la carta de Contestí donde hace alusión a una de las alianzas más oscuras de Abascal: «la imposición de un dogmatismo que golpea como un yunque en todos aquellos ideales que hicieron a Vox necesario». Con lo del «yunque» parece que Contestí se refiere a El Yunque, la peligrosa secta paramilitar ultracatólica de origen mexicano infiltrada en las juventudes de Vox. Pocas bromas con eso.