Opinion · Punto de Fisión

Woody Allen contra Amazon

La historia del litigio entre Woody Allen y la compañía Amazon daría para una comedia de Woody Allen, una de esas historias enloquecidas, agridulces y disparatadas que son marca de la casa. Hace unos años, Amazon Studios llamó a la puerta del cineasta neoyorquino para intentar convencerle de que hiciera una serie de televisión. Allen rehusó, porque no estaba acostumbrado al medio, y los ejecutivos de Amazon insistieron e insistieron, subiendo sin cesar la oferta al estilo Corleone, hasta que le hicieron una que no pudo rechazar.

Finalmente, después de muchas dudas y correciones, se estrenó Crisis in six scenes, que no fue precisamente un éxito, y la colaboración con Amazon Studios saltó a la pantalla grande con Día lluvioso en Nueva York, película cuya exhibición fue prohibida por la productora al recrudecerse la campaña contra Allen a comienzos de 2018 a raíz de las acusaciones de su hija, Dylan Farrow. Se frustaron además tres proyectos cinematográficos incluidos en el acuerdo. No había, sin embargo, ni una sola prueba nueva que aportar en un escándalo del que el director ya había sido exculpado muchos años atrás, y en febrero de este año Allen contraatacó exigiendo 68 millones de euros por incumplimiento de contrato, argumentando que Amazon conocía de sobra el sambenito que hace décadas cuelga sobre él.

Finalmente, el acuerdo judicial alcanzado entre ambas partes no se ha hecho público y aunque se rumorea que no ha satisfecho a nadie, probablemente signifique que en términos monetarios Allen haya obtenido una recaudación mucho mayor por la cinta secuestrada (que acaba de estrenarse en Europa) y por las tres abortadas que por algunas de sus últimas películas. Como un genio de su calibre no puede andar suelto mucho tiempo, Mediapro se ha apresurado a recoger el testigo de Amazon y la colaboración ya ha cuajado en el rodaje de Rifkin’s Festival, que tuvo lugar este verano en San Sebastián.

A pesar de que ni la crítica ni el público ni el propio autor quedaron muy satisfechos con Crisis in six scenes, hay que decir que el resultado final se halla muy por encima de la media de Allen en los últimos años, no digamos ya de la media de Amazon, cuyo catálogo cómico, y salvo excepciones como 30 Rock, da más pena que risa. Ambientada en el hogar de Sidney Muntzinger, un novelista fracasado que intenta transbordar a la televisión -interpretado por un Allen ya octogenario-, la trama despliega todos los tics típicos del cineasta en una hilarante farsa llena de enredos amorosos y toques hipocodríacos. Una sola frase de Crisis in six scenes vale por toda la parafernalia histérica e hipersexuada de esa premiada ridiculez llamada Fleabag. Por ejemplo: «Es el peor día de mi vida y todavía es muy temprano».

Hay un club de lectura de viejecitas que empiezan leyendo La metamorfosis de Kafka y acaban citando el Libro rojo de Mao («el único chino gordo» dice Muntzinger). Hay un pobre hombre que, para curarse de su afición por las prostitutas, empieza por pagar a su mujer por acostarse por ella y termina compartiéndola con su chulo. Hay una revolucionaria hippy encarnada con brío y convicción por Miley Cirus, a quien Allen brinda un caramelo casi tan jugoso como el que regaló a Mira Sorvino en Poderosa Afrodita: una amazona comunista con hambre atrasada, una pistola, un taller de explosivos y un poster del Che en la pared. Hay un peluquero que intenta sin demasiado éxito, a base de tijeretazos, que Sidney Muntzinger se parezca a James Dean.

Tiene razón Begoña Piña cuando dice que Allen se siente fuera de su tiempo, pero aun así encuentra inesperadas resonancias entre nuestra época y el final de los sesenta -con las protestas contra la guerra de Vietnam de fondo- al poner sobre el tapete, en devastadores diálogos, la falta de compromiso político y la cuestionada necesidad de la violencia. «¿Qué hacemos nosotros para que a los negros les vaya mejor y no matemos más niños vietnamitas? Te voy a decir lo que no hacemos: no ponemos bombas. Nosotros votamos y al final da lo mismo quien gane, porque los negros están igual y seguimos matando niños vietnamitas».