Opinion · Punto de Fisión

La cabaña del tío Vox

Suena paradójico, sí, pero para blanquear a Vox nada mejor que un negro. Hay unos cuantos intentando hacerse con el cargo de capataz del partido, un puesto muy solicitado desde aquellos tiempos, no tan lejanos, cuando en las plantaciones de algodón los esclavos más obedientes y lameculos obtenían ración doble de comida, un sombrero y un látigo. Uno de los más adelantados es Bertrand N´dongo, un camerunés al que hace poco preguntaron si era partidario de expulsar fuera de España a los inmigrantes que cometieran delitos, fuesen los que fuesen, y respondió que sí, “sin lugar a dudas”.

Sin embargo, N’dongo dudó un poco cuando un reportero le preguntó si hubiera expulsado inmediatamente del país a Cristiano Ronaldo, acusado de delito fiscal y con los papeles en regla. “No sé a lo que te refieres” respondió, dando marcha atrás; “ahí no voy a entrar, yo no trabajo en Hacienda”. No tener ni idea de fútbol debería ser considerado un grave obstáculo a la hora de obtener la nacionalidad española, pero N’dongo mostró bien claro por dónde respira la xenofobia visceral de Vox: por oscuro que sea el color de la piel, no hay problema alguno con jeques del petróleo o futbolistas millonarios. Ya lo dijo en su día el boxeador Larry Holmes, campeón de los pesos pesados: “Es duro ser negro. ¿Has sido negro alguna vez? Yo fui negro una vez, cuando era pobre”.

Otro de los aspirantes al puesto de capataz de Vox es el cubano Sayde Chaling-chong García, quien este fin de semana ha lanzado una serie de interrogantes existenciales a las altas instancias del partido desde su cuenta de twitter. Después de lavar y fregar consigo mismo las televisiones e incluso las calles de Barcelona, Chaling-chong se siente “timado, engañado y discriminado”, tres participios a cuál más gracioso teniendo en cuenta lo que está en juego.  De golpe y porrazo, el pobre hombre ha descubierto no sólo que Vox está lleno hasta los topes de xenófobos y neonazis -algunos de ellos imputados por delitos de odio- sino que esos xenófobos y neonazis ocupan cargos que tal vez debieran corresponderle a él, con el dineral que lleva gastado en jabón y detergente.

Del mismo modo que no faltan obreros que se sacrifiquen por el patrón, tampoco han faltado nunca judíos que apoyaran a los nazis, bien sea por egoísmo, bien por ingenuidad, bien por la carencia de un dedo de frente. Durante la Segunda Guerra Mundial hubo judíos delatores, colaboracionistas y negociantes que intentaron escaquearse y hacer como que lo del Holocausto no iba con ellos, pero al final todos acabaron en las cámaras de gas o colgando de una soga. La inocencia de Chaling-chong llega al extremo de preguntarse si Abascal y Ortega Smith se habrán enterado de la movida, lo cual es casi como preguntarse si en Vox lo habrán discriminado por negro o si lo habrán engañado como a un chino, es decir, si lo están juzgando por el aspecto o por el apellido.