Opinion · Punto de Fisión

España Suma y Sigue

Uno de los grandes aciertos del PP a lo largo de su historia ha sido el reciclaje de desperdicios políticos, tarea en la que son pioneros desde los albores de la Constitución, cuando un montón de patriarcas franquistas tuvieron que disfrazarse de demócratas de toda la vida, aprender a sonreír y cambiarse de chaqueta. El buque insignia del invento, a la vez que mascarón de proa, era Manuel Fraga Iribarne, un señor del que se decía que le cabía el estado en la cabeza. Teniendo en cuenta, primero, el tamaño de su cabeza, y segundo, que el estado español, allá por 1976, consistía en una sastrería, unos sótanos policiales salpicados de sangre humana y un caldo de cocido gallego, es muy posible que el elogio fuese mucho más preciso que una metáfora. Fraga mutó en demócrata de la noche a la mañana como si la radiactividad de aquel baño intempestivo en Palomares lo hubiese alcanzado con un decenio de retraso: Godzilla transmutado en lagartija.

Fraga demostró que de la derecha se aprovecha todo: hasta el centro. Sin embargo, AP, primera fase del invento, no acababa de despegar en las urnas, quizá porque la A de Alianza remitía demasiado al lenguaje militar, rimbombante y antitético del franquismo, que cuando hablaba de paz se refería a los cementerios y cuando hablaba de cementerios señalaba una cuneta. A algún genio del marketing se le ocurrió la idea de cambiar la A por una P y dejar todo lo demás como estaba; contra todo pronóstico, el engendro funcionó, a lo mejor porque PP sonaba casi igual que el nombre más popular del castellano: vente a la democracia, Pepe.

Cuando los ingenuos se preguntan de dónde habrán salido Vox y sus 52 escaños, probablemente olvidan que durante varias décadas, el PP ocultó en su interior a Abascal y a sus secuaces como una hernia, subvencionándolos con diversos chiringuitos hasta que se hartaron y cogieron el cesto de las chufas porque ni siquiera Mariano era lo bastante facha para ellos. Mientras la ultraderecha florecía en Francia, en Austria, en Hungría y en media Europa, en España pensábamos que todo era diferente, como en los tiempos de Alfredo Landa, sin comprender que Aznar era una derecha cuya circunferencia estaba en todas partes y el centro en ninguna.

De ahí que Pablo Casado haya propuesto una vez más el folklórico proyecto de “España suma”, un intento por restarle protagonismo a Vox e insuflar aire al agónico desplome de Ciudadanos después de las elecciones. Es decir, restaurar el status quo de la derecha española con el PP al mando, como siempre, un proyecto que demuestra una vez más la identidad esencial entre tres partidos que son como la Santísima Trinidad, el Trío Calaveras o las Tres Marías. Franco, Fraga y los demás: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Fundar otra vez el PP merecería el lanzamiento de una nueva marca de coñac, Refundador, ideal para hacer carajillos. Con Ciudadanos decapitado después de la dimisión de Albert Rivera y Vox inflado como una gaita gallega, parece difícil que la reunión prospere, pero todo es cuestión de paciencia.