Punto de Fisión

Pujol en modo Yoda

Con la familia Pujol pasa un poco lo mismo que con Yoda en la saga de La guerra de las galaxias, que se rompen alianzas, se carcomen imperios, van palmando los protagonistas principales y a Yoda no te lo quitas de encima aunque sea en versión imán de nevera. Tan vetusta y tan persistente es la franquicia de Yoda que el personaje tuvo una breve intervención antes de la segunda trilogía en Desafío total: justo cuando el líder de la rebelión se desabotona la camisa y del pecho le sale Kuato, una especie de berenjena andorrana a quien se escucha decir, apenas en un susurro: "Señor Quaid, salve a Cataluña".

En efecto, por aquella época el patriarca de la familia defendía un catalanismo muy peculiar, un nacionalismo sui generis que empezaba por sí mismo, continuaba por su mujer y llegaba hasta sus hijos. Más o menos ahí estaba la frontera, circunscrita a los zapatos, los enlaces matrimoniales, las posesiones, los chanchullos, las cuentas corrientes y las menos corrientes. El día de su boda con Marta Ferrusola, Pujol declaró "Cataluña soy yo", una máxima que luego ha repetido mucha gente -uno de los últimos, Puigdemont- aunque no con tanta fortuna como el molt honorable, quien no ha hecho otra cosa en la vida más que darle la vuelta al eslogan de Kennedy: "No preguntes lo que Cataluña puede hacer por ti: pregunta lo que puede hacer por mí".

En efecto, Pujol creía en una Cataluña que estaba "más allá de derechas y de izquierdas, más allá de los convencionalismos de la política de partidos, más allá de los cálculos electorales". Para ser exactos, estaba en un montón de billetes de banco porque la Cataluña de Pujol limita al norte con Suiza, al sur con el PP, al oeste con el PSOE y al este con Andorra. El agosto pasado, un informe oficial de la UDEF afirmaba que el origen de la fortuna familiar no se basaba en la herencia del abuelo Florenci, sino que provenía de los privilegios del cargo y el ejercicio continuado de prácticas corruptas. Aseguraba además que la familia Pujol funciona al estilo de un clan mafioso -"dentro del concepto de crimen organizado"- y que sus beneficios totales ascienden a unos 290 millones de euros.

Comisiones ilícitas, contratos amañados, cuentas opacas, empresas fantasma, contabilidad en negro: todo un entramado criminal al servicio de la familia Pujol que los investigadores de la UDEF han sacado a la luz únicamente para que nos echemos unas risas, porque no se ve muy bien que la justicia haya decidido mover ficha contra esta gente. De momento, Hacienda ha verificado que Pujol cometió un delito fiscal cercano a los 900.000 euros sólo por la cuenta oculta en Andorra, pero el fraude ya ha prescrito debido a que Hacienda se dedica primero a los microbios, después a los mosquitos, luego a los hurones y por último a los elefantes. Por eso, las cacerías millonarias de infantas, banqueros, ex presidentes del país o mesías autonómicos no le interesan tanto como cuadrar una chuminada de 27 euros en la cuenta de un jubilado.

También habría que preguntarse cómo es que los jueces españoles son capaces de enchironar en poco más de un mes a toda la cúpula independentista catalana por malversación de urnas y levantamiento de papeleta mientras el expolio al completo de un país y de una comunidad autónoma les provoca un bostezo de décadas. Misteriosa en España la justicia es. Probablemente los jueces han aplicado a fondo la lección esencial de Yoda: "Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes". Mejor ni intentarlo.