Punto de Fisión

El chorrón de Arrimadas

No le tocaba hablar este domingo pero Inés Arrimadas no necesita siquiera abrir la boca para hacerse oír en cualquier rincón de España. La Marcel Marceau del Congreso de los Diputados ha hecho del mimo una extensión del discurso político, desde esos morritos que pone mientras estruja las manos en plan taxista romano hasta los diversos accesorios con que acompaña sus actuaciones. Se ve que, además del cargo, Arrimadas ha heredado de Albert Rivera un variado juego de complementos que incluyen trozos de adoquín, listas escritas en papel higiénico y Felisuco.

Arrimadas empezó el fin de semana con un homenaje a Gila en el que desempolvó al único compañero del ilustre cómico: el teléfono. ¿Es el enemigo? Que se ponga. Nunca podremos despejar la duda de si Arrimadas telefoneó uno por uno a los barones del PSOE para intentar camelárselos ataviada con un casco militar o con un gorro de bombero. Casi seguro que se decantó por lo primero, dado su gusto innato por la bronca y porque ella los fuegos, más que apagarlos, los enciende. El teléfono estaba muerto de risa desde que Gila colgó el suyo en sus últimos espectáculos y en las ciudades españolas no quedan más que unas cuantas cabinas con los fósiles de una época extinguida. Ya que conocía los números, Arrimadas podía haber hecho un grupo de guasap -"Salvemos España", por ejemplo- y lanzar su propuesta constitucionalista mediante una única pregunta, una foto de Tamayo y un emoticono con banderita. En lugar de eso, los fue marcando uno por uno, como una teleoperadora que ofrece condiciones inmejorables para cambiar de compañía.

Ayer domingo cambió el teléfono de Gila por una carpeta primorosamente ilustrada en la que decía que el currículum vitae de Adriana Lastra se reducía a su pertenencia al PSOE. Por si no quedaba clara la alusión, Arrimadas señaló a Lastra y le guiñó un ojo en el mejor estilo de la comedia italiana. Además de sus títulos de Derecho y Administración de Empresas, en su juventud Arrimadas recibió lecciones de teatro, una disciplina en la que aprendió toda clase de muecas, carantoñas y arrumacos. Lo que no le enseñaron, aparte de educación, es a no reírse de los propios chistes, especialmente cuando no tienen gracia, un error típico de los payasos primerizos. Asombra la cantidad de caricatos fallidos que nutren las filas de Ciudadanos: Toni Cantó, Felisuco y ahora, de propina, Arrimadas.

Burlarse de alguien porque no tiene títulos universitarios supone no sólo una lastimosa muestra de malos modales sino también un impagable alarde de clasismo. La verdad es que Lastra cursó estudios de Antropología Social, aunque abandonó la carrera para dedicarse a la política, un hábitat donde se pueden clasificar antropoides sin necesidad de desenterrar huesos. Por otra parte, lo que natura no da, Salamanca no lo presta, un refrán del que Arrimadas es la encarnación perfecta. El sábado intentaba mofarse de Sánchez y de Iglesias recordando que PSOE y Podemos habían perdido un "chorrón de votos" en las pasadas elecciones, sin caer en la cuenta de que su partido, tras desangrarse en 47 escaños, había pasado a ser un grupo folklórico. El "chorrón" es una cifra indeterminada, pero podría considerarse la unidad de medida de Arrimadas a la hora de hacer el ridículo.