Punto de Fisión

Villarejo y Filemón, agencia de información

Se miren por donde se miren, los tejemajenes de la Policía Nacional son bien extraños incluso para los baremos de la Policía Nacional, los cuales rebasaron hace tiempo todas las expectativas. Ante cada nueva declaración en la Operación Kitchen y el caso Villarejo, las actas judiciales siguen engrosando el guión de un tebeo de Ibáñez, algo a mitad de camino entre Mortadelo y Filemón, agencia de información y Pepe Gotera y Otilio, chapuzas a domicilio. No faltan en sus nutridas páginas ni el superintendente Vicente ni el botones Sacarino. Da mucho miedo comprobar en qué manos han estado las fuerzas de seguridad del país en los años del último gobierno del PP, sí, pero también da mucha risa.

La penúltima entrega de este inextricable disparate ha sido la intervención de Eugenio Pino, antiguo Director Operativo Adjunto de la Policía Nacional, quien ha contado que un día el entonces ministro del Interior, Jorge Fernandez Díaz, vino a echarle la bronca en su despacho de parte del presidente Mariano Rajoy porque estaba tratando muy mal al comisario Villarejo. Entre las diversas contradicciones en que ha incurrido Pino, destaca la de que desconocía las reuniones de Villarejo con Josep Pujol y con Javier de la Rosa, cuando anteriormente había declarado lo contrario. Debe de ser que Pino es uno de esos agentes concienzudos y sumamente cristianos que no sólo ignoran lo que hace su mano derecha sino que, mientras lo ignoran, le sacan fotos con la mano izquierda. Además ha señalado que Villarejo se saltaba la cadena de mando con frecuencia, algo que tampoco puede extrañar a nadie teniendo en cuenta que Villarejo también ha saltado limpiamente el código deontológico, los principios éticos y varias leyes de la Física.

Esto de incurrir en contradicciones sucede cuando uno mezcla mentiras flagrantes con verdades a medias: ya advertía Mark Twain que mentir es mal negocio, que una de las ventajas de decir siempre la verdad es que nunca tendrás que recordar qué mentira dijiste antes. Otro método que también funciona muy bien es el de Mariano Rajoy, que consiste en declarar que él no se acuerda de nada y a continuación publicar un libro de memorias que, para el caso, podía haberlo redactado con goma de borrar. Por algo Una España mejor va a la cabeza entre los tochos más vendidos, aunque la inmensa mayoría de los lectores no saben ni de qué va el título, incluyendo el negro que lo ha escrito.

Los libros de los ex presidentes pertenecen a un género indefinido, mitad ficción, mitad no ficción, excepto el de Rajoy, que cae de lleno en la literatura fantástica. Muchos de ellos se basan en la inclusión de gran cantidad de episodios diplomáticos que no interesan a casi nadie y la supresión inmisericorde de otros episodios que apasionan a todo el mundo, más diplomáticos todavía. Entre los sobres de dinero negro, la contabilidad en B de los cuadernos de Bárcenas, la financiación ilegal, los negocios con amiguetes y los innumerables casos de corrupción que asolan la geografía española, los años del gobierno del PP según la elipsis de Mariano apenas dan para una tira cómica sólo que sin puta gracia. En cuanto a la policía, alguien se quejó una vez de que lo malo es que a veces se pone de parte de la ley, pero en España difícilmente correremos ese riesgo.