Punto de Fisión

Ayuso se hace la tonta

En el PP tienen una larga y gloriosa tradición de hacerse el tonto (o la tonta, que de todo hay), una estrategia que les ha proporcionado copiosos beneficios con el simple truco de que el tonto señala la luna y la gente bien mira el dedo o bien mira la luna pero entretanto el tonto te guinda la cartera. Cristina Cifuentes confesó hace un par de años que su técnica de hacerse la rubia era prácticamente infalible, especialmente cuando se reunía con hombres, y cuando le preguntaron a qué se refería explicó: "Hacerte la tonta, hacer como que no te enteras".

Así, tontuna a tontuna y tontería a tontería, consiguió Cifuentes desde la presidencia de la Comunidad de Madrid hasta un máster en Derecho Autonómico, pasando por unas cuantas cremas en el Eroski. Casi sin enterarse. No obstante, su carrera de rubia de bote apenas resiste la comparación al lado de su predecesora y maestra, Esperanza Aguirre, quien estuvo décadas emulando a Lina Morgan, entre helicópteros y fugas por la Gran Vía, al tiempo que desmantelaba la red hospitalaria, inflaba presupuestos y dejaba las arcas públicas tiritando. Aguirre se jactaba de su buen ojo para escoger colaboradores y no le faltaba razón, porque cuando se destapó la podredumbre de Gürtel, Púnica y Lezo, se vio que ni la banda del Torete ni la del Billy el Niño le llegaba a la punta de los tacones. "Me han engañado" dijo y sólo le faltó babear y salir cojeando como Tony Leblanc en el timo de la estampita.

A escala nacional el papel de bendito de Dios lo bordó Mariano Rajoy, quien, sin ser rubia natural, perfeccionó el difícil arte de la sandez mediante un aluvión de chascarrillos y retruécanos que hicieron las delicias del personal y nos daban el trabajo hecho a los columnistas. No teníamos más que comentar la parida del día, el vecino que elige al alcalde o la lluvia que nadie sabe por qué cae, y perdíamos de vista los recortes de libertades y los saqueos indiscriminados mientras le reíamos las gracias a ese señor con barba que llevaba el Marca bajo el brazo como si fuese un paraguas.

Era complicado continuar la estela de ese gran humorista pero en el vivero del PP nunca han faltado caricatos. El pasado enero, durante un mitin en Madrid, Casado presentó al dúo dinámico madrileño, Ayuso y Almeida, con una cita del Enrique V de Shakespeare ("We few, we happy few, we band of brothers") que él tradujo a su manera: "Los pocos que tenemos claras las cosas, los felices pocos que tenemos claro cómo que hay que apelar a la mayoría social". Tan claras que Almeida suelta un chiste sobre Notre Dame y Ayuso una burrada sobre las charlas LGTBI en los colegios y mientras tanto, aprovechando el cachondeo, van colando de rondón el medio millón de euros para echarle una mano con su chalé al multimillonario venezolano Juan Guaidó, desmantelando ayudas sociales y preparando los trámites de una reforma legal de lo más rancio que se haya visto. Mejor le habría ido a Casado presentando a sus allegados con una cita de Macbeth: "Un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no significa nada".