Punto de Fisión

Norias, circos y payasos

"Cada vez que oigo la palabra cultura, echo mano a mi pistola". Unos atribuyen esta célebre frase a Goebbels, ministro de Propaganda del III Reich; otros a Millán Astray, fundador de la Legión y de Radio Nacional de España y muy aficionado a disfrazarse de pirata. Sin embargo, su verdadero autor, Hanns Johst, la ponía en boca de un personaje de una obra de teatro sólo para que un nazi la ridiculizara. Sobre pistolas, Abascal y sus mariachis ya han dicho bastante, pero son Almeida y Ayuso, la alegre pareja de mandarines de la capital, quienes han realizado una afortunada variación de la frase: "Cada vez que oigo la palabra cultura, saco mi nariz de payaso".

En efecto, se dice que el PP detesta la cultura en todas sus manifestaciones, pero anda que no les gustan las procesiones de Semana Santa, la canción folklórica, el vino y los toros. Aparte de verónicas y chicuelinas, por no hablar de Notre Dame, el alcalde de Madrid ha iniciado una campaña a favor de la lectura como no se veía otra en el municipio desde que Tierno Galván dijo aquelllo de "¡Rockeros, el que no esté colocado que se coloque y al loro!"

Mediante el simple procedimiento de borrar unos versos de Miguel Hernández del memorial a las víctimas de la guerra civil en el cementerio de la Almudena ha conseguido que los versos del poeta de Orihuela sean conocidos en España entera, replicados en las redes sociales, leídos en colegios e institutos y copiados por todas partes. Incluso gente que no abre un libro de poesía ni por recomendación médica se ha aprendido los versos de Para la libertad, un poema que no sonaba tanto ni en los tiempos en que Serrat le puso música en un disco famoso. Ni recitándolo en calzoncillos antes de las campanadas de Nochevieja hubiera logrado Almeida tal repercusión mediática: el efecto Streisand ha sido digno de incluirse en el libro Guiness de los records.

Pasando de Almeida a Ayuso, la nariz de payaso ha recaído esta semana en Begoña Villacís, quien no ha tenido el menor problema en impulsar su lucha personal contra el populismo gracias al proyecto de importación de una noria gigante de la que se siente muy orgullosa. Es justo lo que le hacía falta a Madrid: no más salas de conciertos ni más universidades ni colegios, ni siquiera un carril bici para despejar un poco la boina de la contaminación, tampoco mejorar los transportes públicos. No, una noria gigante que además ya fue desechada en Valencia porque les olía a chamusquina.

La llegada de la noria gigante está en alegre sintonía con la buena nueva anunciada por el PP de San Sebastián de los Reyes, que se frota las manos ante el regreso de los circos con animales, esa decimonónica tradición que consiste en que los niños chillen de placer ante las cabriolas de leones, tigres y elefantes apaleados. Lo siguiente, suponemos, será resucitar a Fofó y a Miliki porque en la bancada de la derecha de saltimbanquis van sobrados. ¿Cómo están ustedes?