Punto de Fisión

A virus pasado

Para la derecha hay algo mucho peor que el coronavirus y es Pedro Sánchez, o sea, que ellos no estén al frente del gobierno para gestionar la crisis. Con lo bien que han demostrado su manejo en situaciones que requieren coraje y sinceridad a la hora de dar la cara y explicaciones al pueblo -ya sea un ataque terrorista, un petrolero partido en dos, un escándalo de dinero negro circulando de mano en mano o una moción de censura- no es difícil imaginarse cómo sería la reacción de Mariano Rajoy en estos momentos: parapetado tras una pantalla de plasma, leyendo a perdigonazos un papel, sin preguntas enojosas de la prensa, o mejor aún, refugiado en un bar esperando que escampe. En cuanto a la rueda de prensa de Aznar, habría que elegir entre imaginarlo relajándose en un jacuzzi en Portugal o bien con los zapatos (y los cojones) plantados encima de la mesa.

Está visto: al PP no le tiembla ni un pelo cuando atribuyen a la izquierda cualquier barbaridad, los miles de muertos de una pandemia o los cientos de un atentado yihadista. Ciertamente, a pesar de las lecciones fúnebres de Italia, al ejecutivo del PSOE la emergencia le ha pillado tarde y con el pie cambiado, más o menos igual que a todo el mundo en cuatro continentes. En España, salvo pocas excepciones, ningún medio, ni desde luego ningún partido político, se tomó la crisis del coronavirus como algo más serio que un simple catarro un poco desmadrado. No hay más que repasar los editoriales y las columnas de opinión de los principales periódicos del país -entre ellas, más de una mía-, que por aquel entonces considerábamos la enfermedad prácticamente confinada en China y nos reíamos de la cancelación del Mobile Word Congress de Barcelona como un alarmismo sin fundamento alguno, propio de un hipocondríaco.

Después, a virus pasado, es muy fácil decir que hubiese sido necesario prohibir las manifestaciones feministas del 8-M, aunque tampoco es difícil colegir que no fueron los únicos eventos multitudinarios celebrados ese mismo día, desde el congreso de Vox en Vistalegre, con Ortega Smith recién aterrizado de Milán repartiendo mocos a manos llenas, hasta diversos partidos de fútbol en los que el bichito fue saltando a través de miles de personas de bufanda en bufanda y de grada en grada. Sin ir más lejos, esa misma semana el PP andaluz aún se empeñaba en seguir celebrando la Semana Santa como Dios manda, es decir, con besuqueo indiscriminado de tallas de madera y sin más protección que unos capirotes de nazareno. Es una tradición que viene de lejos, de cuando Fraga se bañó en Palomares desafiando a una bomba atómica, y ni siquiera estaba en Palomares.

Puesto que la predicción de hechos pasados es una ciencia exacta, más nos valdría recordar lo que advertimos muchos -empezando por el personal sanitario- sobre lo que podía ocurrirnos tras las políticas de privatización y desmantelamiento de la sanidad pública llevadas a cabo por Aguirre, Cospedal y Cifuentes en Madrid y en Castilla La Mancha. Los profesionales despedidos, el material racaneado y las camas sacrificadas en aras del beneficio monetario por las que ahora claman Casado y Ayuso son el producto exacto de ese neoliberalismo criminal en el que llevamos décadas empantanados. Pero también el despilfarro, el saqueo millonario de las arcas públicas y la pésima idea de construir aeropuertos inútiles en Castellón o Ciudad Real. Con toda seguridad, de haber andado más listos, no nos tocaría ahora ponernos a aplaudir todas las noches desde los balcones como si la medicina fuese flamenco.